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Adoptar hábitos de vida saludables ayudaría a evitar el 40% de los cánceres · ELPAÍS.com

Adoptar hábitos de vida saludables ayudaría a evitar el 40% de los cánceres · ELPAÍS.com.

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Un continente sin médicos

Los pocos médicos del hospital Lira, en el norte de Uganda, iniciaron una huelga a principios de mes para pedir al gobierno que les pagara lo que les debía por estar trabajando en una zona devastada por la guerra. Siete pacientes murieron durante esos días y las embarazadas dieron a luz ayudadas por otras parturientas. La situación, dramática, es sólo la punta del iceberg de un problema que desde hace años afecta al continente africano: el éxodo de personal sanitario y las malas condiciones que tienen que afrontar los que se quedan.

La paradoja africana es que soporta el 25% de la carga de enfermedad mundial, pero sólo cuenta con el 3% de los trabajadores sanitarios y tan sólo con el 1% de los recursos económicos destinados a la sanidad. Con motivo de la celebración del primer Foro Global sobre Recursos Humanos y Salud en Uganda, la revista ‘The Lancet’ dedica un número especial a analizar la ‘fuga de cerebros’ que vive el continente.

“La crisis de recursos humanos en África es un tema que debería estar en los primeros puestos de la agenda política. Cualquier posible solución que no cuente con el apoyo político está condenada al fracaso”, dice el editorial, que concluye que “no se puede seguir permitiendo que los países ricos exploten y saqueen el futuro de las naciones más desfavorecidas”.

Una de las investigaciones publicadas en la revista indica que en África hay, de media, un médico para cada 8.000 pacientes. Aunque, como indica Edward J. Mills, de la Universidad British Columbia en Canadá y coordinador de este trabajo, la situación varía mucho de un lugar a otro. Por ejemplo en Malawi, uno de los países más afectados por el éxodo de profesionales, la proporción es de uno por cada 50.000 personas. Lo mínimo aceptable, según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), es que haya un profesional por cada 5.000 ciudadanos.

Países como Reino Unido, EEUU, Australia, Canadá, Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudí, entre otros, tienen su parte de responsabilidad en las pobres cifras que presenta el continente. Uno de cada 10 doctores que trabajan en el Reino Unido procede de África. Más de 13.000 galenos entrenados en el África Subsahariana atienden en Australia o EEUU. Y esta emigración de profesionales no afecta sólo a los médicos, sino también a las enfermeras y farmacéuticos.

Una oferta imposible de rechazar

El doctor Mills y sus colegas de investigación han constatado que la captación de personal africano continúa a pesar de los esfuerzos de las autoridades sanitarias locales por evitarlo. Anuncios en periódicos, revistas y páginas web, mensajes de texto a los trabajadores sanitarios y correos electrónicos son sólo algunos de los métodos habituales para reclutar a los médicos africanos. Estas ofertas de empleo van normalmente acompañadas de una garantía de conseguir sin problemas los papeles de inmigración en el país de acogida, de una buena remuneración económica y de cubrir los gastos ocasionados por el traslado.

“Si no se emprenden acciones inmediatas para evitar esta migración, las consecuencias para África serán extremadamente graves”, afirman los autores. “Sólo fijándonos en el sida, de aquí a 2012 podría triplicarse el número de seropositivos que tendrá que ver cada médico, lo que influirá negativamente en el tratamiento de estos pacientes”, indican.

Los investigadores consideran que “no existe ninguna duda de que esta situación es una importante violación de los derechos humanos” e incluso se preguntan si podría considerarse esta práctica de reclutamiento sistemático como “un crimen internacional”.

La captación regular de trabajadores de los países más pobres mina el derecho a la salud recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y contradice muchas otras declaraciones y códigos de ética médica. Sin embargo, hasta ahora se ha hecho la vista gorda.

Aún reconociendo que todos los trabajadores tienen derecho a elegir dónde quieren trabajar, la revista médica apunta cuáles son las causas por las que tantos africanos deciden irse. Los bajos salarios que ofrece el continente, los pocos recursos con los que cuenta y la mala infraestructura, las largas jornadas laborales, la amenaza de infecciones y violencia y la falta de una promoción en el trabajo son factores que animan a marcharse.

“Mejorar la salud de los países más pobres y más afectados por algunas enfermedades es un reto internacional. Los delegados reunidos en el Foro Global deben ser ambiciosos. Si existe cualquier esperanza de fortalecer los sistemas de salud en África hay que intentarlo por todos los medios, por muy complicado y utópico que resulte”, finaliza el editorial.

(elmundo.es 22 febrero 2008)

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Guía de la salud: Parkinson

He aquí una guía sobre el Parkinson

http://www.elmundo.es/elmundosalud/especiales/2005/09/parkinson/index.html

Espero que os resulte interesante

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Guía de la salud: Alzheimer

Aquí tenéis un enlace interesante para conocer más sobre el Alzheimer

http://www.elmundo.es/elmundosalud/especiales/2004/04/alzheimer/index.html

Espero que os resulte interesante

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El sedentarismo acelera la ‘vejez’ celular

‘Zaping’, ‘tumbing’, ‘sillonball’… Puede que la figura no acuse la falta de actividad física, pero las células sí. Hacer ejercicio con frecuencia atenúa los efectos del paso del tiempo y rejuvenece a los que lo practican hasta 10 años en comparación con los amantes del sofá y la televisión.Esto es lo que han descubierto científicos del King’s College London, en el Reino Unido, al analizar la edad celular de 2.401 pares de gemelos y su relación con el nivel de activad física que realizaban en su tiempo libre. Para determinar el envejecimiento celular, Tim Spector y sus colegas midieron la longitud de los telómeros, unos fragmentos de ADN muy repetitivos situados en los extremos de los brazos cromosómicos, que se acortan con la edad en cada división celular; una especie de reloj de cuenta atrás. En este caso, analizaron los telómeros de sus leucocitos (células del sistema inmune).

En los participantes sedentarios, que se ejercitaban menos de 16 minutos a la semana, estas estructuras eran 200 nucleótidos –las unidades básicas del ADN- más cortos que los de los más deportistas. Teniendo en cuenta que cada año se pierde un número variable de bases teloméricas (en este estudio la media fue de 21), este resultado equivale, según Spector y su equipo, a una década de diferencia entre ambos grupos.

“Los sujetos inactivos son 10 años más viejos que los que hacen más ejercicio”, explica el trabajo publicado en el último número de la revista ‘Archives of Internal Medicine’. Este efecto, que no se pudo explicar por la presencia de otros factores que favorecen el envejecimiento, como el tabaco o el índice de masa corporal, era además acumulativo e independiente de la edad. “Al aumentar la actividad también crecía la longitud de los telómeros”, explica Spector. En un examen más detallado de 67 de estas parejas encontraron resultados similares.

Muchos estudios han demostrado los beneficios de la actividad física. Mejora la calidad de vida, reduce el riesgo de aparición de muchas patologías crónicas y el de muerte. Pero la confirmación de que estos procesos tienen su repercusión a nivel celular “debería hacernos considerar alternativas a los modelos de diagnóstico y tratamiento [para patologías asociadas a la edad]”, en opinión de Jack Guralnik, del Instituto Nacional del Envejecimiento en EEUU, que firma un editorial sobre este trabajo.

Una pieza más del puzle

El envejecimiento es un proceso complejo en el que intervienen muchos factores y causas. “El sedentarismo nos hace llegar a edades avanzadas en peores condiciones, con peor calidad de vida”, explica a elmundo.es Javier González, Catedrático de Fisiología y Director del Departamento de Fisiología de la Universidad de León.

La longitud de los telómeros es, para este especialista, “un marcador más”. En la misma línea, Guralnik sugiere que este hallazgo debe entenderse como un “indicador acumulativo […] que puede usarse para investigar los mecanismos del envejecimiento y posibles intervenciones para retardarlo”.

¿Cómo retrasa el ejercicio los efectos deletéreos de la edad? La clave podría estar en un proceso biológico: el estrés oxidativo. A medida que cumplimos años, aumentan los radicales libres (moléculas que ‘atacan’ a las membranas celulares, al ADN y otras estructuras). Pero las personas que tienen una actividad física prolongada mantienen jóvenes los mecanismos que luchan contra estos compuestos. Esta es la explicación más plausible que Spector tiene para este fenómeno, según relata a elmundo.es.

Falta mucho camino por recorrer antes de comprender en profundidad por qué nuestro cuerpo se hace mayor pero de momento este y otros trabajos “subrayan la importancia de promover el ejercicio físico” para aminorar el paso del tiempo y alcanzar la vejez en las mejores condiciones posibles.

(elmundo.es 11 febrero 2008)

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Buscando a las neuronas perdidas

Más de un millón de españoles se han sometido ya a los test de alguno de los videojuegos de entrenamiento mental, con la frustración de ver en la pantalla una cifra muy por encima de sus años y la promesa de un “rejuvenecimiento” de la edad cerebral por solo unos pocos minutos al día.

Sea por la publicidad, por sentirse joven o el regalo de algún familiar, las cifras han impulsado a dos de estos videojuegos a liderar las ventas en la pasada campaña de Navidad, y han captado un sector de usuarios mayores de 30 años no inclinado a este tipo de entretenimientos. Pero, ¿funciona?

No está demostrado. La mayoría de estos juegos se basan en “test para valorar la cognición”, pero no en programas de estimulación o rehabilitación cognitiva, señala José Luis Molinuevo, coordinador del grupo de estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

“No hay ningún estudio científico que demuestre que son útiles, que su uso mejore la cognición, ni la calidad de vida, ni que mejore globalmente la persona o el paciente”, afirma, aunque es preferible esto a pasar horas delante del televisor viendo programas del corazón.

El cerebro es capaz de modificarse según la función que realice. Esta es la base de la plasticidad neuronal. Si una persona es sometida a un entrenamiento intensivo en un área cerebral, ésta va a modificarse, habrá un aumento del número de sinapsis, una mejor cognición e incluso nueva génesis de neuronas, explica el doctor.

Con esta teoría se han diseñado media docena de videojuegos, “pero no está demostrado que esto ocurra con su uso, porque no constituyen programas de estimulación cognitiva”, señala.

La sociabilidad del ser humano

En los programas de estimulación, explica el experto, que dirige la Unidad de Alzheimer del hospital Clinic de Barcelona, se reúne a una serie de personas que realizan actividades, atendidos por profesionales. Se genera “una sociabilidad y afectividad que también es provechosa”. Cuando una persona se aisla y se somete a un juego, la situación es totalmente diferente.

“Es más beneficioso” reunirse con los amigos, jugar al dominó, al ajedrez, a las cartas y compartir ese tiempo, “que encerrarse en casa y hacer videojuegos, a ver si uno mejora cognitivamente”.

Puede que en algunas personas genere un beneficio, añade el neurólogo, “pero la vida es muy rica”. “Hay infinidad de situaciones que pueden ayudar al hombre a mantenerse activo, joven y vital. Hay que estar muy atento a todos esos estímulos emocionales, intelectuales y visuales, y disfrutar de la afectividad”.

Recuperar las capacidades perdidas

La cuestión es si ejercitando el cerebro se recuperan capacidades perdidas. Si la pérdida “obedece a una enfermedad es complicado, si obedece al desuso, perfectamente”, responde el neurólogo. No está demostrado si esa actividad puede retrasar una demencia.

Fisiológicamente la memoria empieza a decrecer a los 40 años, y lo cotidiano son olvidos producto del estrés o de estar absortos en nuestras preocupaciones. A mayor estrés, menor capacidad de atención.

Si uno intenta estar presente en lo que hace en cada instante, “genera una cantidad de estímulos que activa muchísimas áreas del cerebro”, insiste el neurólogo.

Pero ocurre que, en vez de atentos, estamos inmersos en la película de nuestra mente que continuamente nos habla: los pagos del banco, el trabajo pendiente, una discusión, la cena… muchos estímulos que nos estresan.

Coger el coche y llegar al destino sin saber por dónde has pasado. No encontrar las llaves, volver a comprobar si está cerrado el automóvil, no recordar escenas de una película, son fruto de esa falta de atención.

La palabra que no sale en el momento adecuado o el nombre de una persona que viene a la mente un rato después de lo necesario, se conoce como “abstracción del material del almacén semántico”, y es consecuencia “no tanto del envejecimiento, sino del estrés”.

Incluso los mayores recuerdan mejor detalles como las fechas. “Ellos crecieron sin agendas y la información que consideraban relevante la codificaban en su almacén semántico. Nosotros llevamos agenda en el móvil o la PDA y no intentamos recordar eventos relevantes porque lo almacenamos allí”, explica José Luis Molinuevo.

Pero ¿debe preocuparnos? “No”, en la mayoría de los casos estos “despistes” son debidos a un mal uso de la atención, “aunque si una persona de cierta edad tiene dudas y ansiedad por si puede estar desarrollando una enfermedad, debe consultar al especialista”, aconseja.

(elmundo.es 26 enero 2008)

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Mujeres más longevas y más enfermas

Como el ying y el yang. Como la noche y el día. Que hombres y mujeres son seres totalmente opuestos nadie lo pone en duda en la actualidad. Pero que también enferman de manera diferente y perciben su salud de forma distinta es algo más desconocido. El segundo informe sobre Salud y Género, dedicado a las personas entre 45 y 65 años, pone de relieve que, en cuestiones sanitarias, las mujeres también salen peor paradas que los hombres.

En España hay 10,8 millones de personas en esa franja de edad, que se corresponde con el ciclo vital de la madurez. Un 50,56% son mujeres y el 49,44% varones. Según el documento, publicado por el Ministerio de Sanidad, ellas presentan más enfermedades crónicas que los hombres y tienen una peor percepción de su salud. Eso sí, ellos sufren patologías más graves y presentan mayor índice de mortalidad.

Las mujeres viven de media 6,6 años más que los hombres, pero tienen más ‘achaques’. Los dolores que más padecen las féminas de estas edades, en una proporción que dobla a la de los varones, son, sobre todo, musculo-esqueléticos (46%), seguidos de dolores de cabeza y aquellos provocados por varices y por problemas psíquicos. Además, los síntomas somáticos sin causa orgánica y los estados depresivos y ansiedad también se dan con más frecuencia en ellas.

Asimismo, las señoras superan al sector masculino en ingesta de psicofármacos y representan el 75% de los consumidores totales de somníferos o tranquilizantes. En cuanto a los fallecimientos a estas edades, el documento indica que la principal causa de muerte son los tumores —en ellas de mama y en ellos de pulmón—, y las enfermedades del sistema circulatorio.

Jornadas interminables

Una de las razones a las que el informe atribuye esta peor salud de las féminas es que la incorporación de la mujer al mercado laboral no ha supuesto para ellas un alivio de las tareas domésticas, con lo que se enfrenta a jornadas dobles o triples. De hecho, casi el 100% de las mujeres entre 45 y 65 años dedica casi seis horas diarias a las actividades del hogar, mientras que entre ellos sólo lo hace el 71% y su dedicación no alcanza las dos horas y media por jornada.

Esta sobrecarga de trabajo, junto a la falta de tiempo libre, a empleos repetitivos y de escaso reconocimiento social, que lleva unido en muchas ocasiones una situación de dependencia económica, van mermando la salud de las mujeres, sobre todo en las clases sociales más bajas.

Por otro lado, el 84% de los cuidadores son igualmente mujeres, cuya media de edad ronda los 52 años. Estos roles de ama de casa, cuidadora de personas dependientes y trabajadora remunerada suponen un exceso de funciones que termina teniendo efectos perjudiciales en la salud.

Marginadas en los trabajos sanitarios

Por primera vez, el informe analiza la representación de mujeres y hombres en las profesiones sanitarias, un ámbito que en las universidades y centros de enseñanza está claramente copado por las mujeres, pero que a la hora de acceder al mercado laboral no se ve reflejado.

El 84% de los estudiantes de enfermería son mujeres; el 74% de los estudiantes de medicina matriculados en el curso 2005-2006 también son de sexo femenino y las farmacéuticas colegiadas suponen el 70% del total. Sin embargo, en los hospitales la mayoría de los profesionales son hombres, al igual que los docentes de las Universidades.

Aunque el porcentaje de mujeres en gerencias de los centros hospitalarios públicos ha mejorado con el paso de los años —de un 7% en 2001 se ha pasado al 18% en 2007—, la responsabilidad y los puestos de mayor prestigio siguen en manos de los varones.

(elmundo.es 16 febrero 2008)

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