Archivo de la categoría: Menores

La mayoría de niños en acogida, sin problemas de conducta | Psiquiatría Infantil | elmundo.es

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Cómo proteger a los hijos del acoso sexual en Internet. elmundo.es

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Sobre el maltrato a menores. Música de “Marea”: Pan duro

Gracias a la colaboración de Isa Rodrigo

 

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Los acosadores no siempre se esconden

Un adulto solitario, asocial, que pasa mucho tiempo en Internet buscando posibles víctimas y que se hace pasar por un adolescente para engañarles. Éste es el estereotipo de los acosadores sexuales que usan la Red para contactar con niños y adolescentes. No obstante, según el estudio Depredadores online y sus víctimas: mitos, realidades e implicaciones para la prevención, realizado por un equipo de la Universidad de New Hampshire (EEUU) y publicado por la revista American Psychologist, este perfil no se corresponde con la realidad. 

El estudio detalla que la mayoría de los delincuentes sexuales que utiliza Internet son adultos que se toman tiempo para ganarse la confianza de sus víctimas, convenciendo a los adolescentes de que una relación con ellos supone un romance o aventura sexual. No se orientan a niños, sino a adolescentes, y el dato más llamativo es que sólo en el 5% de los casos, estos acosadores se ocultaron tras una identidad adolescente. Ello no quiere decir que el 95% restante revelara abiertamente su identidad, sino que empleó técnicas diversas.

Peligrosos que se ocultan

El presidente de la organización española Protégeles, Guillermo Cánovas, considera imprescindible distinguir entre el acosador de entorno y el pedófilo. El primer perfil es el de los individuos que no buscan necesariamente menores, sino personas receptivas a sus objetivos. Son muy directos, no se ocultan y todas sus conversaciones están referidas al sexo. El segundo es, según Cánovas, el grupo más peligroso, ya que “intenta engachar al menor mostrándose como alguien atractivo, adaptando su identidad sin presionar, al menos al principio”. Según esta organización, estos últimos son los más difíciles de identificar en un primer momento.

El estudio utilizó dos fuentes: una entrevista telefónica a 3.000 menores de entre 10 y 17 años (primero en el año 2000, y más tarde en 2005) y 612 entrevistas a autoridades federales y locales, entre octubre de 2001 y julio de 2002.

La autora principal del informe de la Universidad de New Hampshire, Janis Wolak, mantiene que, según sus estudios, “en la mayoría de los casos, las víctimas son conscientes de que están hablando por Internet con adultos”. Pero también argumenta lo difícil que resulta generalizar en estas cuestiones: “La novedad del medio hace que sea difícil ver dónde está el peligro”. En el caso de los acosadores, los adolescentes valoran si les interesa la conversación, pese a ser consciente de la identidad del otro.

En lo que coinciden todos los expertos es en que se puede hablar de unos comportamientos de riesgo por parte de los adolescentes, como aceptar a desconocidos en un listado de contactos o hablar sobre sexo con personas a las que no se conoce realmente. Cánovas mantiene que también puede influir el hecho de hablar abiertamente de sexo con alguien a través de Internet, algo que seguramente no harían en el mundo real.

El mito de las redes sociales

También al contrario de lo que se suele pensar, tanto el presidente de Protégeles como el estudio de la Universidad de New Hampshire destaca que la participación de los adolescentes en redes sociales como MySpace o Facebook no parece incrementar el riesgo de ser víctimas de acosadores. Lo arriesgado, según los expertos, es hablar a través de Internet con desconocidos. “Los delincuentes utilizan las herramientas de mensajería instantánea, el correo electrónico y las salas de chat para desarrollar relaciones íntimas con sus víctimas”, explica Wolak.

Wolak y sus colegas creen que la clave está en esforzarse para que los adolescentes aprecien los inconvenientes de mantener relaciones con adultos, con un debate abierto en el que se explique la dinámica de la Red.

(publico.es 19 febrero 2008)

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Malnutrición materno-infantil, una lacra social y económica

El 80% de los niños desnutridos vive en 20 países de Asia, África y Latinoamérica. Cada año fallecen 3,5 millones de menores de cinco años por una mala alimentación

Una alimentación pobre durante el embarazo y la infancia tiene consecuencias a largo plazo que muchas veces son irreversibles. Un tercio de las muertes de niños menores de cinco años de debe a la malnutrición que sufren ellos mismos y sus madres. Pero hay más, los que sobreviven a esta situación, se convierten en adultos peor educados, con menos ingresos, menos capacidad de trabajo y más propensos a padecer enfermedades.

Tres millones y medio de niños menores de cinco años fallecen cada año por causas relacionadas con la desnutrición así como el 11% de las enfermedades infantiles, según explica una serie de artículos en la revista ‘The Lancet‘. Tener un bajo peso para una altura determinada o una talla pequeña para la edad son dos indicadores de que la alimentación es muy deficiente. Ambos, junto a nacer con poco peso, son los factores de riesgo que más mortalidad provocan en este colectivo, 2,1 millones anuales.

Los bebés nacidos a término (más allá de la semana 37 de gestación) con un peso inferior a dos kilos tienen un riesgo de mortalidad ocho veces mayor que los que superan los 2.500 gramos. Esta restricción del desarrollo fetal se da cuando la situación nutricional de la madre es mala.

Si una mujer tiene un índice de masa corporal (IMC) bajo (menos de 18,5), las posibilidades de que el bebé tenga problemas para crecer con normalidad en el interior del útero aumentan. Además, la baja estatura materna, señal de una mala alimentación, incrementa en un 60% los partos por cesárea con el riesgo que conlleva, más aún en países en los que la asistencia obstrética es precaria o inexistente.

Otro factor materno que influye en la nutrición del niño está relacionado con el periodo de lactancia. Las autoridades sanitarias internacionales recomiendan amamantar de forma exclusiva a los hijos durante los seis primeros meses de vida y en combinación con otros alimentos hasta los dos para aumentar la supervivencia de los pequeños. De cumplirse el primer requisito, el millón y medio de muertes que se le atribuyen (12% del total) se reduciría.

Consecuencias en la edad adulta

Los gobiernos “están fracasando a la hora de alcanzar a los sectores poblacionales que necesitan estas intervenciones”

La hambruna durante la infancia altera la fisiología y el desarrollo cognitivo y físico de forma irreversible. Hasta tal punto, que los que la han sufrido alcanzan una altura menor, un nivel educativo más bajo, tienen menos poder adquisitivo y una descendencia de bajo peso.

Estos riesgos aumentan cuando los niños malnutridos hasta los 24 meses empiezan a ganar peso rápidamente en años posteriores. En estos casos, se producen cambios en el metabolismo lipídico y de la glucosa y en la tensión arterial, que suponen un incremento del riesgo cardiovascular y de patologías crónicas.

“Concluimos que el daño sufrido a una edad temprana provoca una incapacidad permanente que puede afectar a generaciones futuras –señalan los autores de uno de los estudios-. Es probable que su prevención conlleve importantes beneficios en la salud, la educación y la economía”.

Revisión de las estrategias

El 80% de los menores de cinco años malnutridos vive en veinte estados, la mayor parte en África, Asia y Latinoamérica. La solución no es una entelequia pero pasa por el compromiso de los gobiernos que, explica otro de los trabajos, “están fracasando a la hora de alcanzar a los sectores poblacionales que necesitan estas intervenciones”. Solo dos de los países más afectados por la desnutrición colocaron la cuestión como su máxima prioridad.

“Los programas que han demostrado ser eficaces deben aplicarse a escala rápidamente. El periodo que va desde el embarazo hasta los 24 meses de vida es crucial para reducir la malnutrición y sus efectos adversos”, concluye.

Los planes de Naciones Unidas son reducir a la mitad las personas que padecen hambre, en dos tercios las muertes de menores de cinco años y en tres cuartos las maternas, entre otros Objetivos del Milenio. Intensificar la actividad en los países más afectados es la única forma de alcanzar estas metas.

“¿Qué podemos hacer? –se preguntan los autores del cuarto documento-. No existen recetas simples para reducir la desnutrición, aunque implantar cuatro o cinco de los programas cuya eficacia está demostrada [como añadir yodo a la sal o los suplementos de vitamina A] tendría efectos cuantificables”.

(elmundo.es 13 febrero 208)

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“Hay que volver a contar cuentos a los niños para dormir”

Tras haber facilitado el descanso de miles de padres españoles con su libro Duérmete, niño, Eduard Estivill (Barcelona, 1948) vuelve a la carga con una nueva obra para hacer más llevadera la compleja tarea de ser padres. En esta ocasión, y mano a mano con la escritora Yolanda Sáenz de Tejada, Estivill publicará el próximo 7 de marzo ¡A jugar! (Ediciones DeBols!llo), una guía práctica que, mediante juegos y trucos, persigue que los niños aprendan buenos hábitos de sueño, alimentación, lectura e higiene. Estivill considera que los padres españoles están hoy mejor preparados, aunque tienen que solventar una gran dificultad: la falta de tiempo. 

¿Los padres españoles saben educar bien a sus hijos?
Creo que son estupendos, lo que ocurre es que tienen un problema importante, y es que la sociedad les machaca en cuestiones de tiempo. Cuando hablas con ellos y les explicas lo que hay que hacer, son los mejores profesores, lo hacen estupendamente. Sobre todo las madres que, pese a haberse incorporado al mundo laboral, cumplen muy bien en su trabajo y siguen cumpliendo muy bien en casa, siendo, en definitiva, las responsables de llevarla adelante. Lo que pasa es que los padres llegan a casa a las ocho de la noche, y se pierden las normas de convivencia y los buenos hábitos por la sencilla razón de que todo el mundo está cansado.

La falta de tiempo parece un problema de difícil resolución, tal como están las cosas…
Hay que mentalizarse; es mentira que no podamos hacer nada. A veces no es tanto la cantidad de tiempo que los padres están con sus hijos como la calidad. Cuando los dos padres llegan a las ocho de la tarde y no tienen tiempo para nada, lo más cómodo es preparar una pizza y sentarse delante del televisor, con lo cual el niño se alimenta mal, porque siempre come lo mismo. Tampoco se habla en la casa, y el niño se va a dormir tarde porque quiere ver la televisión.

¿Qué deben hacer los padres para cambiar esta situación?
En vez de dejar que esto suceda, los padres deben ser conscientes de que no importa que no tengan mucho tiempo. En primer lugar, deben hacer una cena un poco distinta, pero todos juntos, como si fuera un juego. Hay que cenar sin la televisión encendida, porque así se puede hablar y, aunque sea poco tiempo, el niño está comunicándose con su familia. Tenemos que cambiar el chip; hay poco tiempo, pero debe aprovecharse de otra manera.

¿Los niños se acuestan demasiado tarde?
Este es un problema gravísimo; efectivamente, los niños andan cortos de sueño, sobre todo los de siete años en adelante. Al día siguiente, estos niños, que se levantan a las siete u ocho de la mañana para ir al colegio, llegan allí y no rinden como deben. Antes, según los profesores, las materias más importantes o que necesitaban más concentración, como las matemáticas o la física, se ponían a primera hora de la mañana; en cambio hoy se ven obligados a ponerlas a partir de las once porque los niños les llegan dormidos. La televisión no es ni buena ni mala, es un elemento importante de comunicación, y hay que saber verlo, al igual que no nos pasamos todo el tiempo leyendo el periódico o escuchando la radio.

Además de la falta de descanso, ¿empeora la calidad del sueño infantil por ver la televisión o jugar a la consola antes de irse a dormir?
Totalmente. Esto lo vemos con niños que con nueve o diez años ya tienen el ordenador o la consola en su habitación. Para que no molesten, los padres les dejan y, claro, lo que hace el pequeño es utilizar estas tecnologías. El niño es un ser que si lo conduces por un camino atractivo va a participar. No es malo que el niño juegue a la consola, ni que vea la televisión o maneje el ordenador; lo malo es que esto ocupe un 30% de su vida.

¿Hay que evitar la consola o el ordenador en las horas previas a que el niño se acuesta?
Por supuesto, deben dejar de usarlos como mínimo dos horas antes de dormir. Cuando un niño llega del colegio tiene que tener un tiempo para jugar a la consola, un tiempo para hacer los deberes, un tiempo para bañarse, un tiempo para cenar, y un tiempo para dormir. Después de cenar, no tiene que haber ninguna actividad intelectual de tipo estresante.

Entonces, ¿qué actividad debe realizar en ese momento?
Lo que recomiendo es algo que nuestros padres y abuelos hacían muy bien: contar un cuento al niño antes de dormir. Un cuento es una actividad relajante y, al mismo tiempo, una acto de comunicación; el niño te mira y te escucha. Una consola es buena en cuanto a la actividad que supone, pero es totalmente incomunicativa. Además, si a un niño le acostumbras a escuchar un cuento cada noche, seguro que será un lector cuando sea adulto. Tenemos que volver a contar cuentos a los niños.

¿También influye el tipo de comida en la calidad del sueño de los más pequeños?
Sí, porque muchas veces el tipo de comida que se cena es prefabricada, casi siempre lo mismo. Los padres piensan que a los niños les gusta, pero esto no es cierto, porque el niño es un gourmet en potencia. Pon a un niño a comer un buen jamón de jabugo o unas gambas a la plancha, y ya verás cómo le va a encantar. No hay genes que nos digan que a los niños no les gustan los guisantes y en cambio les tienen que gustar las hamburguesas con patatas.

¿No cree que a veces parece que los niños de sociedades como la española carecen de ilusiones y están hastiados, pese a tener más cosas que nunca?
Es cierto, y se debe a que los niños no están educados en la frustración. El niño tiene que aprender que no se puede conseguir todo y que para conseguir algo hace falta luchar y cuesta. En esta sociedad les damos todo, demasiadas cosas. El niño pierde interés y no tiene resistencia al fracaso, carece de capacidad de superación. Tienen que saber que no lo pueden conseguir todo, ya que de lo contrario hacemos niños que parecen depresivos.

¿No les cuesta cada vez más a los padres expresar afecto a sus hijos?
Esto ocurre porque nos tocamos poco. Nos está pasando un poco como a los norteamericanos, que pasan al lado y piden perdón si te rozan el hombro. Aquí cogemos a la gente por el hombro, la agarramos por el brazo, y a los hijos les damos abrazos y caricias, pero lo cierto es que nuestra sociedad es cada vez más fría con los hijos.

(publico.es 18 febrero 2008)

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La sombra del suicidio planea sobre el tratamiento de la depresión pediátrica

Todos los antidepresivos de la clase de los Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina (ISRS), 11 antiepilépticos, un fármaco para la obesidad y el tabaquismo y otro para dejar de fumar engrosan la lista de medicamentos que están bajo estricta vigilancia de las autoridades sanitarias por el posible riesgo de que su uso provoque ideas e intentos de suicidio. Aunque este peligro fue observado en un primer momento en productos destinados a tratar trastornos mentales, todo parece indicar que la alerta se extenderá muy pronto a moléculas farmacológicas para enfermedades muy diversas como, por ejemplo, la incontinencia urinaria.

La agencia estadounidense del medicamento (FDA, sus siglas en inglés) ha encomendado a los laboratorios farmacéuticos que vigilen en los ensayos clínicos de nuevos compuestos las conductas autodestructivas. De esta forma se podrá disponer de mejores herramientas para determinar el verdadero alcance del peligro y evitar alarmas innecesarias. Hasta hace poco tiempo, los estudios sólo evaluaban los efectos adversos relacionados, entre otros, con el riesgo cardiovascular o con el daño hepático. Los problemas psiquiátricos apenas han sido objeto de análisis, a pesar de que se sabe que incluso cambios muy pequeños en la química de nuestro cerebro pueden tener importantes efectos sobre el comportamiento.

Por otro lado, puesto que la principal preocupación se ha centrado en la administración de antidepresivos a niños y jóvenes, los expertos consideran que resultaría de gran utilidad que se llevasen a cabo más estudios específicos en estos grupos de población.

El año 2003 marcó un punto de inflexión en la consideración del riesgo de suicidio asociado al consumo de determinados fármacos. Las alertas lanzadas por las agencias del medicamento de EEUU y Europa pusieron en guardia a los profesionales sanitarios y a los padres de niños y adolescentes con depresión. La revisión de los ensayos clínicos realizados con medicamentos de última generación (los denominados Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina o ISRS) reveló que los chavales que habían consumido estos productos tenían una probabilidad dos veces superior de tener pensamientos o comportamientos suicidas.

En los años siguientes se redujo la prescripción de medicamentos para la depresión en menores y se inició un intenso debate entre quienes sostenían que era necesario un replanteamiento de la terapia en los pacientes más jóvenes y los expertos que aseguraban que se había exagerado el riesgo de autolesiones y alarmado en exceso a la población.

En los últimos meses, el asunto se ha complicado un poco más con la incorporación de nuevos ‘sospechosos’: Acomplia (cuyo principio activo es el rimonabant y actúa frente a la obesidad y el tabaquismo) y Chantix (vareniclina, empleado también para dejar de fumar). Ambos medicamentos han sido relacionados con un mayor riesgo de depresión y suicidio y el primero fue rechazado por la agencia estadounidense del medicamento (FDA), aunque ha recibido el visto bueno de su homóloga europea, la EMEA. Además, a finales del año pasado las autoridades estadounidenses ampliaron las advertencias sobre antidepresivos al grupo de población que va desde los 18 a los 24 años.

Finalmente, a principios de febrero del año actual las autoridades del otro lado del charco dieron a conocer los resultados de un nuevo análisis de ensayos clínicos, esta vez referido al tratamiento con antiepilépticos. Nuevamente se observó un ligero aumento de las tendencias autolesivas en los pacientes que recibieron uno de los 11 productos de esta clase que fueron estudiados en comparación con los enfermos tratados con un placebo (sustancia inactiva).

ANTIEPILÉPTICOS

 

Los organismos reguladores están teniendo mucho cuidado de emplear los términos adecuados para advertir a la población y en ningún momento han indicado que el peligro sea alto. Sin embargo, la palabra suicidio aparece cada vez en más contextos. ¿Cuál será el próximo medicamento asociado a fallecimientos autoinfligidos? A tenor de las intenciones manifestadas por la FDA, todo apunta a que el debate se extenderá a las moléculas farmacológicas destinadas a tratar enfermedades de muy diversa índole como, por ejemplo, la incontinencia urinaria. La agencia ha encomendado a los laboratorios que vigilen las posibles conductas suicidas de los pacientes que participan en los ensayos clínicos.

Esta decisión se fundamenta en que el riesgo de efectos adversos psiquiátricos no ha recibido toda la atención que merecía. Además, es sabido que los pequeños cambios que producen determinados fármacos en la química de nuestro organismo pueden tener importantes repercusiones en el comportamiento.

Por lo tanto, la advertencia más contundente de las autoridades de ambos lados del océano Atlántico, que es la que se refiere a los antidepresivos, parece tener sólidas bases. Sin embargo, no existe consenso al respecto entre la comunidad científica. Es cierto que durante las primeras semanas de tratamiento se registraron más pensamientos autodestructivos en niños y jóvenes que tomaron fármacos del tipo de los ISRS, pero, tal y como señala María Jesús Mardomingo, jefa de la Sección de Psiquiatría y Psicología Infantil del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, en los ensayos clínicos que fueron revisados “no se registró ningún suicidio”. Por otro lado, “la metodología de esos trabajos no iba encaminada a estudiar este aspecto”, recalca la experta.

Celso Arango, jefe de la Unidad de Adolescentes del mismo hospital y vicesecretario de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica, añade que el peligro «ya se había visto en adultos desde el punto de vista clínico». De hecho, una de las primeras cosas que aprenden los médicos en formación es que la administración de productos contra la depresión puede producir, en un primer momento, una activación y agitación que se manifiesta antes de que mejore su estado de ánimo, lo que les puede llevar a poner en práctica ideas de suicidio preexistentes.

INEFICACIA

 

Pero el especialista añade una importante puntualización en el caso de la población infantil: “En adultos se ha demostrado la eficacia de estos fármacos, pero no en niños”. Por eso, aunque no está “muy preocupado por el riesgo de suicidio” debido a estas terapias, subraya que no se puede tolerar el más mínimo riesgo si no se ha demostrado su utilidad. Muchos expertos sospechan que esta constatación sólo ha sido posible con la fluoxetina (Prozac) por problemas de diseño o por el tipo de población seleccionada para el resto de los ensayos clínicos.

José Ángel Alda, jefe de Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, apunta otra posible explicación: “El efecto placebo es muy alto en los niños”. Esto quiere decir que el mero hecho de administrarles una sustancia, aunque no tenga efectos farmacológicos, tiene resultados positivos.

Este médico tampoco cree que haya que alarmarse por las ideaciones suicidas relacionadas con la administración de ISRS a pacientes pediátricos. Sin embargo, al igual que otros psiquiatras, opina que los mensajes de alerta han modificado la prescripción. “En ocasiones hemos sentido que estábamos tela de juicio”, afirma. “Algunos padres nos preguntaban qué estábamos dando a los niños”. En cualquier caso, considera que pueden extraerse aspectos positivos, como que probablemente servirá para que se realicen más estudios en población infanto-juvenil, en la que tradicionalmente no se han llevado a cabo demasiados ensayos con fármacos.

La experiencia de los psiquiatras, que están alarmados por la tasa de ideas e intentos de suicidio en los más pequeños pero no tanto por los efectos de los ISRS (en determinados pacientes incluso resultan indispensables), da una idea del alcance real del problema en cuestión. Otra fuente de esclarecimiento pueden ser los estudios observacionales. Los análisis de la FDA y la EMEA mostraron un incremento de las ideaciones suicidas que llevó a la inclusión de advertencias para limitar la prescripción. Si se analiza la progresión tanto de las recetas como de los suicidios desde que saltó la alerta podrá determinarse si las autoridades sanitarias tomaron la decisión correcta o si se embarcaron en una vorágine de alarma injustificada.

A finales del año pasado se publicó un estudio en ‘The’ ‘American Journal of Psychiatry’ que detectaba un aumento significativo del número de muertes autoinfligidas entre 2003 y 2004 en EEUU y hasta 2005 en Holanda. Dado que durante esos años se redujeron drásticamente las prescripciones de antidepresivos a los pacientes menores de edad, los autores del trabajo concluyen que las advertencias de la FDA y la EMEA han tenido el efecto contrario al buscado. No obstante, si al análisis de la FDA podía achacársele la escasez de jóvenes y niños que participaron en los ensayos clínicos para poder evaluar con rigor un evento relativamente poco frecuente como es el suicidio, esta investigación presenta las limitaciones de los trabajos de observación: es imposible establecer una relación causal porque no se puede descartar que hayan influido otras variables en el resultado final.

Un estudio publicado esta semana en el ‘British Medical Journal’ proporciona datos más actualizados sobre la relación entre la disminución de recetas de ISRS y el número de tentativas o fallecimientos consumados en el Reino Unido. En este caso, los investigadores no hallaron ninguna asociación entre ambos factores. Además, el autor de un comentario que acompaña al análisis recalca que los datos más recientes de EEUU “sugieren que el número de muertes por suicidio ha vuelto a disminuir entre 2004 y 2005”.

TERAPIA HABITUAL

 

Mientras las cifras de los estudios muestran resultados que no siempre son concluyentes, los psiquiatras que atienden a niños y a adolescentes intentan extraer la mejor enseñanza: el tratamiento con antidepresivos en niños requiere un seguimiento muy estrecho, sobre todo en las fases iniciales. Esto también puede aplicarse a la terapia con otras moléculas en entredicho, como los antiepilépticos. A este respecto, Antonio Gil-Nagel, especialista en epilepsia y miembro del Grupo de Estudio de los Trastornos del Movimiento de la Sociedad Española de Neurología, señala que el riesgo de suicidio también era conocido en este terreno, debido a que se trata de “una enfermedad crónica que quita autonomía”, pero también a posibles cambios bioquímicos inducidos por los fármacos. Por eso, cree que la advertencia de las autoridades regulatorias no va a modificar mucho los actuales tratamientos. De todas formas, considera que el nuevo informe de la FDA es positivo: “Nunca está de más insistir en que es necesario vigilar más a los enfermos”.

(elmundo.es 16 febrero 2008)

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