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Arturo Pérez-Reverte llama imbéciles a todos

Permitidme tutearos, imbéciles

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno.

Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera.

No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía.

De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas.

De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia.

Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña.

Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico».

O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos».

Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p´alante.

Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet.

La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.

(eldigitalcastillalamancha.com 20 febrero 2008)

Gracias a la colaboración de María del Barrio.

 

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La enseñanza

Desconcertante. Parece ser que nuestros hijos, bueno, los hijos de quienes los tengan, rozan el analfabetismo funcional. No todos, como tampoco todos los chimpancés eran tan listos como aquel que vimos ordenando números en la tele. Si el caletre no me falla, que también podría, se entiende por analfabeto funcional aquel que no comprende lo que lee y ahí es donde los escolares españoles se salen (aún recuerdo los gritos de los muchachos que, en una vida anterior en la que me tocó intentar meter en cabezas ajenas algo, demandaban a gritos que se les enseñaran cosas útiles, “¿Para qué sirve la Lengua?”, decían quejumbrosos). Después de años de reformas, de reformas de las reformas donde primaba aquello de aprender a aprender (a aprender) y de ejercitar supuestamente destrezas ocultas bajo una jerga inextricable, ¿cómo era aquella definición de recreo?, obligando al profesorado a convertirse poco menos que en coleguis de sus alumnos y abusando de la participación, entre otras cosas, de los padres que se tomaban el asunto muy en serio, tanto que entendían pagar para que a sus hijos se les enseñase sin que incurrieran ellos en mayor responsabilidad que la que contraían con un muslo de pollo cuando lo compraban (amén de haber contribuido a una abusiva permisividad y un desprestigio del esfuerzo y de la no aceptación de la frustración más nimia), el todo en un ambiente no sé si de la ley de Murphy o del principio de Peter, seguramente de ambos, que acababa bajando el nivel año tras año, después de todo eso a lo mejor pensábamos que íbamos a obtener genios y que la violencia en las aulas y otras lindezas eran cosa de Norteamérica.
Por eso, los resultados del proyecto PISA no desconcierta en absoluto, desconciertan más un par de cosillas que le venían anexas. La primera es que para curarse en salud los astutos rectores de nuestro País Vasco decidieron que el 86% de la prueba se realizase en ¡castellano! y eso después de haber parido un vergonzante Currículo Vasco que apunta hacia la hegemonía del euskera.
Qué poca confianza han demostrado tener en su propio proyecto educativo y qué desprecio hacia una sociedad a la que están culpabilizando por no saber el idioma de Aitor y a la que le están imponiendo sacrificios y a veces exigencias insoportables a la hora de acceder a determinados empleos. No importa, todo vale con tal de quedar mejor -como así ha sido- que esos burros de españoles. El segundo detallito es obra de nuestro presidente del Gobierno José Luis Rodriguez Zapatero que achaca los malos resultados PISA a la mala preparación de los padres sin darse cuenta de que los adolescentes de hoy han sido engendrados por gentes que accedieron al bachillerato con la democracia, luego viene a echar la culpa a los suyos (y un poco quizás a Suárez).
Si uno lanza la vista atrás piensa que a los catorce años estábamos mejor preparados que los adolescentes de ahora, por lo que a la Enseñanza se refiere, y eso a pesar de la pésima preparación de nuestros padres (entonces ni siquiera muchos tenían el Graduado), de la absurda y constriñente disciplina, de la rara preparación de maestros y profesores (aunque en muchos había mucha vocación y entrega), de la dificultad para conseguir libros y no digamos acceder a la información, de la pobreza general, etc. Resulta un poco extraño, ¿verdad?
(elpais.com 10 diciembre 2007)

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Entender lo que se lee

Aparentemente, los datos del Informe PISA sobre la situación de nuestro sistema educativo han suscitado esta vez cierta preocupación en la opinión pública; tal vez se deba a que el mayor retroceso se registra en comprensión lectora. Los adolescentes españoles leen poco y no entienden mucho de lo que leen. La alarma está justificada porque si falla eso se cierra el acceso al resto de los conocimientos.
Ya es algo que emerja tal inquietud, porque las encuestas reflejan sistemáticamente que la educación ocupa un lugar muy secundario entre las preocupaciones de los españoles. Algunas reacciones oficiales no han estado a la altura de esa inquietud. Especialmente las rutinarias apelaciones al pasado histórico, que no vienen a cuento, o la satisfacción de algunos responsables autonómicos porque han quedado menos mal que sus vecinos. Circunstancias como el fuerte aumento de la población inmigrante pueden ayudar a entender los resultados, pero no sirven para justificarlos; sobre todo, no justifican visiones escépticas de que, se haga lo que se haga, los resultados serán siempre parecidos porque dependen de factores familiares, socioeconómicos o ambientales.
Si el estudio detecta un problema, requerirá medidas específicas para hacerle frente; por ejemplo, de apoyo a esos escolares inmigrantes, o de estímulo de la lectura de los adolescentes. Es de sobra conocido que la lectura de los padres llama a la lectura de los hijos, y viceversa. En España, el 44,5% no lee nunca o casi nunca un libro. Eso es un dato. Habrá que tenerlo en cuenta para encontrar mecanismos que estimulen la lectura de los adolescentes en cuya casa no se lea.
Leer es lo que lleva a comprender; y es lo que permite también expresarse con corrección a la hora de responder a una pregunta sobre un texto e incluso de forma oral en la vida cotidiana. El hecho de que el 38,5% de la población española adulta ni siquiera haya acabado los estudios obligatorios es un factor decisivo en los resultados de los alumnos, como también lo es la cantidad de libros que tengan en casa. Pero sólo faltaba que toda la responsabilidad de los malos resultados de sus hijos en comprensión lectora fuera de los padres. Son las administraciones, en este caso, especialmente las educativas y culturales, las responsables de identificar los problemas y de promover iniciativas que ayuden a solucionarlos.
El fin de la lectura no es sólo disfrutar o conocer a los autores literarios, es también aprender, según la nueva Ley de Educación. Sin embargo, esta propuesta de dedicar un tiempo a la lectura en cada una de las asignaturas en Primaria y ESO ha pasado inadvertida. Esto obligaría a los alumnos a manejar otros libros aparte de los de texto, mapas, de divulgación, etcétera. La responsabilidad de aplicarlo es de las comunidades autónomas y de los propios centros educativos. La responsabilidad de los malos resultados es compartida y las soluciones deben serlo también.
(elpaís 6 diciembre 2007)

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Buen profesor, mejor resultado

Elegir a los mejores para convertirlos en profesores, conseguir que sean muy buenos dando clase y que todos y cada uno de los alumnos, del mejor al peor, tengan una educación excelente y no se quede nadie (o el menor número posible) por el camino. Esto no es un eslogan político ni una máxima de ninguna ideología, sino los puntos en común que ha encontrado la consultora estadounidense McKinsey and Company entre los sistemas educativos que han obtenido mejores resultados en el Informe PISA de la OCDE en 2000 y 2003.
Hoy se presentan los del estudio de 2006, que compara a alumnos de 57 países y en el que España retrocede en lectura y se queda en ciencias en el mismo puesto mediocre que en años anteriores. Mientras la educación española se prepara para el maremoto de críticas, reproches y lanzamiento de soluciones, el informe de McKinsey anticipa algunas claves del éxito de sistemas educativos como los de Hong Kong (con un modelo propio), Corea del Sur o, por supuesto, Finlandia. El estudio, recientemente publicado, encuentra una heterogénea situación que va de sistemas muy centralizados a muy descentralizados, con más o menos inversión, de organizaciones muy estables a otras en continua reforma dentro de los países sobresalientes (algunos como el país escandinavo, vuelven a repetir en los puestos más altos en 2006).
Sin embargo, también ha encontrado puntos comunes, por ejemplo, buenos profesores y atención individualizada. Para empezar, sirva un ejemplo sobre la importancia del docente. Mientras bajar el número de alumnos por clase de 23 a 15 mejora los resultados ocho puntos porcentuales, los alumnos que tienen un profesor con “alto rendimiento progresan tres veces más rápido que los que tienen un profesor con bajo rendimiento”, asegura el texto citando investigaciones en Reino Unido y EE UU.
La mayoría de los países con mejores resultados seleccionan a los docentes antes de entrar a la universidad. En Finlandia, los que comienzan la carrera para ser profesor están entre el 10% de los mejores estudiantes del instituto, y en Corea del Sur, entre el 5%. Las pruebas en Finlandia para iniciar esas carreras, la mayoría hechas por cada universidad, miden la competencia lectora y matemática, pero también la capacidad como comunicador o la motivación para convertirse en docente. En Singapur hay una prueba nacional hecha por el Ministerio de Educación y el Instituto Nacional de Educación. En España, el clásico modelo de oposición memorística sobre los contenidos de una materia es con el que se selecciona al profesorado funcionario.
El segundo punto en común de los sistemas más exitosos es conseguir que esos docentes sean muy buenos dando clase. Por ejemplo, los docentes japoneses dan clase dos días a la semana junto a un tutor. En Reino Unido, a los profesores experimentados que demuestran ser buenos como tutores de los principiantes se les reducen las horas de clase para pasar más tiempo apoyando a los nuevos. En este caso, la inminente reforma de la formación de profesores que prepara España sí ha elegido un camino parecido, con una selección esmerada de los tutores y de los institutos donde hacen práctica los novatos.
Por último, los mejores sistemas han demostrado que la “escuela puede compensar las desigualdades sociales y económicas de los alumnos”. ¿Cómo? Marcándose unos mínimos muy altos, con controles internos y externos de esos objetivos y dando más recursos a las escuelas que lo hacen peor, como en Nueva Zelanda. Pero, sobre todo, trabajando más con cada chaval desde el primer momento que muestra retrasos en el aprendizaje, ya desde primaria. El mejor ejemplo es, una vez más, Finlandia. En cada colegio finlandés, por cada siete profesores hay otro de educación especial que atiende a los alumnos, individualmente o en grupos muy pequeños, en cuanto empiezan a fallar en Lengua o Matemáticas. Aproximadamente el 30% de los escolares (equivalente al porcentaje de alumnos que fracasa en España) pasa por estas clases de apoyo, dice el estudio de McKinsey. Pero, además, esto favorece que se elimine el estigma de las clases de apoyo por las que también pasan de vez en cuando los alumnos más brillantes.
Las recetas del éxitoSelección. Los países más exitosos hacen pruebas de selección a los alumnos que quieren iniciar la carrera universitaria para ser profesor.
  • Formación inicial. Muy centrada en la práctica y muy ligada al apoyo de profesores veteranos.
  • Resultados visibles. Bajar el número de alumnos por clase de 23 a 15 mejora los resultados ocho puntos porcentuales; los estudiantes con un profesor de “alto rendimiento” progresan tres veces más rápido.
  • Atajar el problema en cuanto aparece. Las evaluaciones continuas señalan las debilidades del alumno, al que se prestará apoyo de manera individual en cuanto se detecten las dificultades, sobre todo en Lengua o Matemáticas.

(elpais.com 4 diciembre 2007)

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Examen a la educación secundaria. El pesimismo de los expertos

Pasó el huracán. El Informe Pisa 2006, que mide a instancias de la OCDE la preparación de los escolares de 57 países, ha resultado demoledor para España, el país del mundo que más retrocede -hasta 32 puntos- en comprensión lectora en los últimos seis años. Ahora, los expertos reflexionan sobre las causas del desastre y los responsables educativos buscan soluciones para que el próximo muestreo global, PISA 2009, no suponga otro varapalo.
¿Es razonable esperar un repunte en la educación española para entonces? La mayoría de los consultados lo duda. Hasta el número dos del Ministerio de Educación, Alejandro Tiana, reconoce que sería el primer sorprendido si tal recuperación se produjese de forma notoria en tan corto espacio de tiempo. Los frutos, señala, se recogerán a medio plazo.
Así que, mientras llega el segundo jarro de agua fría, poco más puede hacer la comunidad docente que ahondar en el análisis. “Es indecente que la enseñanza pública cargue en solitario con los chicos conflictivos”, comenta Enrique Casado, profesor de matemáticas del instituto Averroes de Córdoba, con 23 años de experiencia como enseñante. “En el extrarradio cordobés la mitad de los alumnos procede de familias cuyos progenitores están en la cárcel, o son de otra etnia, o sus madres son prostitutas, o vienen de otro país y no entienden español, o simplemente se han quedado huérfanos porque sus padres han muerto de sobredosis. Se convierten en una lastra para sí mismos y para sus compañeros. ¿Cuántos de estos chicos asumen los colegios concertados? Ni siquiera el 1%”. Para Casado, el fracaso menguaría si la Administración, en este caso, la andaluza, obligara a los centros concertados a cumplir la ley y repartir equitativamente la carga. Es una crítica compartida por otros docentes, como Ana Méndez, que lamenta que en su instituto de Madrid el 80% del alumnado es inmigrante. Pero los centros concertados también se estampan ante los evaluadores de PISA.
¿Estará entonces la explicación en el “bajo nivel socioeconómico de los padres” apuntado por la ministra Mercedes Cabrera y el presidente Rodríguez Zapatero? José Manuel Lacasa, director del Instituto de Investigación Educativa Forma, no lo cree. En su estudio El efecto LOGSE y otros cuentos se pregunta. “¿Por qué, si el nivel de vida y de estudios de los padres crece vertiginosamente, no mejoran al mismo ritmo los resultados de la educación? ¿Por qué se ha interrumpido la mejora continuada de los indicadores educativos cuando la distancia que nos separa de la UE en otros campos se ha reducido a pasos agigantados?”.
Para la oposición y los sindicatos se trata en buena medida de falta de inversión. España está a la cola de los países de la OCDE en inversión por alumno, sólo por delante de Japón y Turquía. Esta cicatería presupuestaria sí explicaría, por ejemplo, no figurar al nivel de Finlandia, paradigma en PISA del éxito escolar -0.5% de abandono frente al 30% español-, donde no se superan los 15 alumnos por aula o cuentan con un docente de apoyo por cada siete profesores para atender a los menores rezagados. Pero tampoco se requieren grandes inversiones económicas para modificar la selección final del profesorado. En España cualquier licenciado puede impartir clase, tras superar una oposición basada en la memoria. En Finlandia, en cambio, la Universidad veta a los que no saben enseñar, aunque hayan obtenido el grado de cum laude. Alejandro Tiana recuerda que Educación exigirá a partir de 2009 un máster de un año que ayudará a los licenciados a transmitir mejor sus conocimientos. A medio plazo, estos profesores sustituirán a los actuales, tanto a los que saben enseñar como a quienes, carentes de ese don, convierten su asignatura en un tormento para el alumnado.
Y entre tanto, Eduardo Vidal, catedrático de Psicología Educativa de la Universidad de Valencia y representante español en el comité de expertos del Informe PISA, apunta un remedio urgente: acercar los contenidos educativos españoles a los contenidos educativos que PISA evalúa y que, en su opinión, son los únicos válidos para que los adolescentes sepan desenvolverse en el mundo que nos rodea.
Menos memoria y más comprensión; menos gramática y más atención a lo que se lee; menos álgebra y geometría y más cálculo aplicado a la vida cotidiana. PISA camina en esa dirección: interpretar mapas, gráficos, saber buscar información propia, entender qué se cuenta en los periódicos, rebatir con argumentos ideas contrarias, enterarse de lo que explica un folleto sanitario…. Uno de los ejercicios del último PISA para medir la comprensión lectora no ha sido un poema ni el texto de algún clásico, sino un folleto que explica cómo deben ser unas buenas zapatillas deportivas.
“Creamos monstruos, pequeños filólogos analfabetos”
Son muchos los expertos que critican el exceso de tecnicismos de la gramática aplicada en primaria y secundaria, por entender que ello genera, en primer lugar, una escasa simpatía de los estudiantes hacia la lengua, y, por tanto, hacia la lectura, pero también porque el valioso tiempo empleado en cazar hiperónimos e hipónimos en un texto seleccionado con dudoso sentido práctico o siquiera estético podría emplearse en transmitir a los alumnos de que leer es algo útil, además de una fuente de placer que irán descubriendo a lo largo de su vida.
Pero no parece que la realidad camine en esa dirección. La literatura como tal ha desaparecido del plan de estudios. Sólo figura como optativa al final de la secundaria y no puntúa para la selectividad. Y la lengua que se enseña ahora persigue en 4º de ESO objetivos como descifrar los “marcadores discursivos” de un texto, buscar los vocativos y las conjunciones y reseñar los “complementos oracionales”. Tres cursos antes, estos mismos alumnos habrán estudiado a los 11 años a los “narradores omniscientes”, pero ya desde primaria habrán tenido que lidiar con ejercicios como éste, extraído de un texto de lengua de 3º (ocho años), de la editorial Anaya: “Descubre la silaba tónica de la palabra maquinista y construye con ella otra palabra en la que dicha sílaba tónica sea en esta ocasión la sílaba átona”.
“Hay preguntas en los libros de texto que no las entiendo ni yo, que soy filólogo”, dice el escritor Luis Landero, cuya obra literaria ha sido traducida a numerosos idiomas y lleva dedicado a la docencia desde 1978, los primeros 14 años en lengua y literatura. El multipremiado autor de Juegos de la edad tardía no recurre a eufemismos a la hora de diagnosticar: “Estamos creando algo monstruoso”, dice. “Estamos formando un ejército de pequeños filólogos analfabetos, chicos que distinguen la estructura morfológica de una frase pero no comprenden su significado”.
Los mismos chicos que hunden a España en PISA. Las primeras víctimas de un sinsentido que, en su opinión, arranca cuando, en la década de los ochenta, “unos pedagogos iluminados toman las riendas de la educación sin contar con los profesores y empiezan por llamar al recreo segmento de ocio. En lugar de simplificar, complican la enseñanza hasta crear un mastodóntico edificio gramatical que no sirve para nada”.
Landero se refiere a las primeras leyes educativas de los Gobiernos de Felipe González, que arrastran hasta la LOE la supremacía de lo que denomina “tecniquerías”, antídoto de todo cuanto nos reconcilia con el léxico. “Si no hay música no hay sintaxis, ni orden en el lenguaje”, reflexiona. “¿Qué aprendíamos de pequeños al leer en voz alta o al recitar un poema? Música, aprendíamos la música de las palabras. La llave que nos abre las puertas.
(elpais.com 10 diciembre 2007)

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Esfuerzo. Artículo de Eduardo Mendoza

No sé adónde irán a parar los esfuerzos (…) pero mientras tanto, a nivel estatal, por consenso y sin ningún esfuerzo, hemos logrado refundar el analfabetismo, a juzgar por el Informe PISA de la OCDE.
Esto no significa, por supuesto, que entre ambas cosas haya una relación causal. Al contrario.

Antiguamente, cuando España podía enorgullecerse de ser la reserva espiritual de acémilas de Europa, el que era analfabeto lo era por falta de escolarización. Hoy lo es por voluntad, propia o inducida.
La diferencia no es trivial, porque significa que de la situación actual no es responsable la escuela. A leer aprende todo el mundo. Luego, el que no practica, es como si no hubiera aprendido. Lo mismo ocurre con el que va a una escuela de automovilismo, aprueba el examen teórico y no se sienta nunca al volante. Tiempo y dinero perdidos.
Lo malo es que si los chicos y las chicas en edad escolar no saben leer, lo más probable es que sigan sin saber toda la vida. Allá ellos: el que no sabe hacer la o con un canuto, acaba comulgando con ruedas de molino.
El aspecto positivo es que si pueden vivir en estas condiciones, es señal de que leer no les hace falta. Nadie posee virtudes que no necesita, y lo mismo pasa con los esfuerzos mentales. Y al parecer, ni para integrarse con éxito en el caudal de nuestra floreciente economía del chanchullo y el pasteleo, ni para participar en el discurso político e intelectual hace falta saber leer. Para lo primero, basta con saber colocarse donde conviene y mirar para otro lado, y lo segundo ya nos lo dan desmenuzado en ideas sencillas, repetidas a gritos. Una muestra de progreso social.
Volviendo al ejemplo del conductor apático, antes el que no tenía carné de conducir, había de ir en autobús o andando; hoy le ponen coche y chófer.
(elpáis.com 10 diciembre 2007)

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España ‘suspende’ en Educación y Andalucía saca las peores notas

El nivel de comprensión lectora de los alumnos españoles de 15 años ha descendido de forma “muy notable”, el de matemáticas es “ligeramente inferior” y el de ciencias apenas varía en comparación con 2003, según las conclusiones del Informe PISA 2006.

Según la última edición del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), sólo Andalucía está por debajo de la puntuación media española en los tres apartados entre las diez CCAA que han participado con muestra propia representativa (alumnos de las otras siete comunidades se examinaron, pero no en número suficiente como para una estadística veraz).
Los estudiantes de La Rioja y Castilla y León obtuvieron un rendimiento en ciencias y matemáticas mucho más elevado que la media nacional e incluso sus resultados se situaron entre los mejores de los países europeos.
En este informe participaron 57 países, incluidos los 30 de la OCDE y, además de la muestra estatal española, hay otra representativa de diez comunidades autónomas que así lo solicitaron al objeto de poder evaluar mejor su sistema educativo, y que son: La Rioja, Castilla y León, Navarra, Aragón, Cantabria, País Vasco, Asturias, Galicia, Cataluña y Andalucía.
En cuanto a comprensión lectora, los resultados también fueron óptimos para La Rioja y el País Vasco, superiores a la media estatal pero, en esta ocasión, estas autonomías ya no se situaron entre las mejores.
El Informe PISA de este año se refirió en especial a cómo se desenvuelven los alumnos en ciencias, asunto que ocupó en torno al 55% de las preguntas, mientras que se dedicó un 30% a competencia matemática y un 15% a comprensión lectora.
Nueve de las diez comunidades autónomas que participaron en el informe obtuvieron resultados por encima de la media española y siete lo hicieron también por encima de los promedios de la OCDE y de buena parte de los países europeos participantes.
Así, en matemáticas, La Rioja se colocó, con 526 puntos, muy cerca de Canadá, Suiza y Países Bajos y a distancia de los 480 puntos de media española, seguida de los 515 puntos de Castilla y León y Navarra.
En comprensión lectora también La Rioja fue la autonomía española con mejores resultados (492 puntos), 30 puntos por encima de la media estatal mientras que en ciencias, Castilla y León y La Rioja fueron las comunidades españolas que encabezaron el ‘ranking’ con 520 puntos, en ambos casos, frente a los 488 logrados por el conjunto nacional.
Caída ‘muy notable’ en lectura
Los estudiantes españoles obtienen 461 puntos en comprensión lectora (481 en 2003) y 480 en competencia matemática (485 en 2006), mientras que logran 488 en ciencias (487 en 2003), que es la materia principal del informe.
En rueda de prensa, la ministra de Educación y Ciencia, Mercedes Cabrera, ha afirmado que los alumnos españoles se desenvuelven “positivamente” en ciencias, de una forma “aceptable” en matemáticas y, tras constatar que la media de la comprensión lectora ha bajado en toda la OCDE, ha añadido que esto último es “un problema que merece toda la atención”.
España se sitúa en las tres competencias por debajo del total (media ponderada según el número de alumnos por país) de los 30 Estados de la OCDE.
La media ponderada de la OCDE en competencia matemática y en comprensión lectora es 484 puntos, y de 491 en ciencias.
El documento advierte de que la comprensión lectora y la competencia matemática han representado el 15 y 30%, respectivamente, del total de las cuestiones respondidas por los alumnos, de lo que se deduce el valor relativo de estos resultados en relación con los de las dos anteriores ediciones, en que fueron materias principales.
El texto señala que el resultado español en comprensión lectora “no deja de ser preocupante” a pesar del escaso número de preguntas.
“Tenemos un problema en lectura -ha reconocido la ministra-, que no en ciencias”, donde España se sitúa “en la media”.
En general, España está en los niveles medios de la OCDE, por encima de su desarrollo económico y socio-cultural, pero siempre son resultados mejorables, según Cabrera.
(elmundo.es 4 diciembre 2007)

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