Archivo de la categoría: Educación

El talento para quien se lo trabaja

Podemos pensar que si no tenemos el gen del talento no hay nada que hacer o ponernos manos a la obra. Sin duda, el trabajo y la constancia son las mejores formas de provocarlo.

http://www.elpais.com/articulo/portada/talento/quien/trabaja/elpepusoceps/20110227elpepspor_6/Tes

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Aprendiendo a aprender

Existe un acuerdo creciente sobre la necesidad de que el alumno regule su propio aprendizaje. ¿Cuáles serían los componentes principales del proceso?  http://www.investigacionyciencia.es/Archivos/MYC_34-GUERRA.pdf
 

 

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Educación para la ciudadanía. Informe Semanal

Un tema muy debatido porque se convirtió en el centro de un fuerte debate político. Pero lo que en realidad está en juego es el derecho a una buena educación a través de un adecuado sistema educativo. A partir de ahí, opiniones de todos los gustos. Por eso esta pequeña parte de informe semanal puede resultar muy clarificadora para los que se atreven a pensar sin ningún tipo de prejuicio personal

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Subvenciones, maestros y psicopedagilipollas, por Arturo Pérez Reverte

Me sigue sorprendiendo que se sorprendan. O que hagan tanto paripé, cuando en realidad no les importa en absoluto. Ni a unos, ni a otros. Y eso que todo viene seguido, como las olas y las morcillas. La última –estudio internacional sobre alumnos de Primaria, o como se llame ahora– es que el número de alumnos españoles de diez años con falta de comprensión lectora se acerca al 30 por ciento. Dicho en parla normal: uno de cada tres críos no entiende un carajo de lo que lee. Y a los 18 años, dos de cada tres. Eso significa que, más o menos en la misma proporción, los zagales terminan sus estudios sin saber leer ni escribir correctamente. Las deliciosas criaturas, o sea. El báculo de nuestra vejez.

Pero tranquilos. La Junta de Andalucía toma cartas en el asunto. Fiel a la tradicional política, tan española, de subvenciones, ayudas y compras de voto, y además le regalo a usted la Chochona, la manta Paduana y el paquete de cuchillas de afeitar para el caballero, a los maestros de allí que «se comprometan a la mejora de resultados» les van a dar siete mil euros uno encima de otro. Lo que demuestra que son ellos quienes tienen la culpa: ni la Logse, ni la falta de autoridad que esa ley les arrebató, ni la añeja estupidez analfabeta de tanto delincuente psicopedagógico y psicopedagocrático, inquilino habitual, gobierne quien gobierne, del ministerio de Educación. Los malos de la película son, como sospechábamos, los infames maestros. Así que, oigan. A motivarlos, para que espabilen. Que la pretendida mejora de resultados acabe en aprobados a mansalva para trincar como sea los euros prometidos –una tentación evidente–, no se especifica, aunque se supone. Lo importante es que las estadísticas del desastre escolar se desplacen hacia otras latitudes. Y los sindicatos, claro, apoyan la iniciativa. Consideren si no la van a apoyar: ya han conseguido que a sus liberados, que llevan años sin pisar un aula, les prometan los siete mil de forma automática, por la cara. Y más ahora que, de aquí a tres años, con los nuevos planes de la puta que nos parió, un profesor de instituto ya no tendrá que saber lengua, ni historia, ni matemáticas. Le bastará con saber cómo se enseñan lengua, historia y matemáticas. Y más si curra en España: el único país del mundo donde los profesores de griego o latín enseñan inglés.

Así, felices de habernos conocido, seguimos galopando alegremente, toctoc, tocotoc, hacia la nada absoluta. Todavía hay tontos del ciruelo –y tontas del frutal que corresponda– sosteniendo imperturbables que leer en clase en voz alta no es pedagógico. Que ni siquiera leer lo es; ya que, según tales capullos, dedicar demasiado tiempo a la lectura antes de los 14 años hace que los chicos se aíslen del grupo y descuiden las actividades comunes y el buen rollito. Y eso de ir por libre en el cole es mentar la bicha; te convierte en pasto de psicólogos, psicoterapeutas y psicoterapeutos. Cada pequeño cabrón que prefiere leer en su rincón a interactuar adecuadamente en la actividad plástico-formativo-solidaria de su entorno circunflejo, por ejemplo, torpedea que el día de mañana tengamos ciudadanos aborregados, acríticos, ejemplarmente receptivos a la demagogia barata, que es lo que se busca. Mejor un bobo votando según le llenen el pesebre, que un resabiado culto que lo mismo se cisca en tus muertos y vete tú a saber.

El otro día tomé un café con mi compadre Pepe Perona –«Café, tabaco y silencio, hoy prohibidos», gruñía–, que pese a ser catedrático de Lengua Española exige que lo llamen maestro de Gramática. Le hablé de cuando, en el cole, nos disponían alrededor del aula para leer en voz alta el Quijote y otros textos, pasando a los primeros puestos quienes mejor leían. «¿Primeros puestos? –respingó mi amigo–. Ahora, ni se te ocurra. Cualquier competencia escolar traumatiza. Es como dejar que los niños varones jueguen con pistolas y no con cocinitas o Nancys. Te convierte en xenófobo, machista, asesino en serie y cosas así». Luego me ilustró con algunas experiencias personales: una universitaria que lee siguiendo con el dedo las líneas del texto, otro que mueve los labios y la cabeza casi deletreando palabras… «El próximo curso –concluyó– voy a empezar mis clases universitarias con un dictado: Una tarde parda y fría de invierno. Punto. Los colegiales estudian. Punto. Monotonía de lluvia tras los cristales. Después, tras corregir las faltas de ortografía, mandaré escribir cien veces: Analfabeto se escribe sin hache; y luego, lectura en voz alta: En un lugar de la Mancha, etcétera». Lo miré, divertido. «¿Lo sabe tu rector?». Asintió el maestro de Gramática. «¿Y qué dice al respecto?». Sonreía mi amigo, malévolo y feliz, encantado con la idea; y pensé que así debió de sonreír Sansón entre los filisteos. «Dice que me van a crucificar.»

XLSemanal, revista online de actualidad, nº 1064, del 16 al 22 de marzo

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Las vacaciones de Semana Santa en educación

Me voy a permitir el lujo de tranascribir direcatmente el artículo de José Luis Castillo, publicado esta misma mañana en su blog Blog de Jose Luis Castillo.

Estoy completamente en desacuerdo con estas vacaciones. No con que exista una época vacacional entre Navidad y verano, no. ¿Cómo voy a estar en desacuerdo? No que haya más días de trabajo, no. ¡Tendría menos tiempo para mí, para mi gente, para ir de cañas y tomar tapas! No. Estoy completamente en desacuerdo con la ubicación de las vacaciones.

No quiero unas vacaciones variables.

Este año los alumnos han salido muy perjudicados en forma de agobios. Presentes y futuros. Apenas han pasado diez semanas de curso. Y nos quedan aún otras trece. Hemos partido el semestre de manera asimétrica. Y eso, los alumnos lo notan. Y mucho. Este trimestre ha agobiado por corto. Tiene que haber resultados en la novena semana para efectuar las juntas de evaluación en la décima. Normal que se hayan agobiado. Y ahora tienen, en el siguiente trimestre, un lapso de tiempo largo, muy largo, en el que llegarán al final hartos de tantos días seguidos.

Las vacaciones entre enero y junio deberían tener una posición fija. Por el bien de los alumnos.

Yo traté de cambiar mi metodología hace tiempo para que no me afectara esto. Me adapté a una forma de trabajar en la que, en cualquier momento, cualquiera, me pueda pedir una nota. Es un poco rara.

Verás. Parte de una idea. Nunca entendí porqué un alumno puede aprobar con la mitad de los objetivos conseguidos. Quiero decir, con 10 en algunas preguntas y 0 en otras. Yo quiero que lo apruebe casi todo (me vale el 80% de los objetivos). Lo que hago es que le doy al alumno, a principio de curso, una lista con todos los objetivos que tiene que saber, desglosados tema a tema. Y, desde principio de curso, todos los exámenes de mi materia están programados. Se hace un ejercicio de evaluación cada cierto tiempo (normalmente quince días, hacia final de curso cada semana, si alguien va mal y necesita más también cada semana). Cada alumno se examina de lo que quiere. Lo que se aprueba queda aprobado para siempre. Lo que se suspende se repite. Las veces que sea necesario. Aunque sea una pregunta. Sólo doy el tema por aprobado cuando ha superado el 80% de las preguntas. Y las suspensas cuentan como 0. Aunque tengan un 4. Las preguntas suspensas no forman nota. A cambio de tanta exigencia, guardo cualquier nota aprobada todo el año y el número de veces que puede realizar un ejercicio es indefinido. Tantas como quiera. Pero eso sí, formo la nota a partir de un ritmo de trabajo preestablecido (para cada tres semanas se ha de aprobar un tema del libro de texto). Que se puede personalizar, claro está.

Yo le llamo aprobado por aburrimiento.

Eso ha cambiado mi forma de explicar. Ahora voy por detrás de los alumnos. Ayudándoles a preparar el examen (eso es lo que ellos perciben). Ajustando sus ritmos, aclarándoles dudas, facilitándoles herramientas para adquirir la información, estableciendo conexiones entre unas cuestiones y otras (eso es lo que ellos no perciben). Porque cada alumno termina por llevar un tema distinto al de la mayoría de sus compañeros. Y eso me facilita crear conexiones. Entre los varios temas y con otras materias. Este sistema de evaluación ha enriquecido mis clases con las conexiones. Y los que escuchan una explicación de un tema en el que no están, todavía, adquieren información para cuando lleguen a él. Y los que la escuchan y ya estuvieron, ya lo aprendieron, repasan y ven las ideas a la luz de nuevas conexiones. Luz nueva convierte idea vieja en nueva.

Y creo que tiene un valor. Mucha gente me dice que pierdo tiempo para explicar. Yo creo que un examen, donde el alumno no tiene la presión del todo o nada, que sabe que si no lo aprueba puede acudir otro día en busca de su nueva oportunidad, un examen de ese tipo se convierte en una explicación. Esos días explico a través de preguntas.

La verdad, me está dando un resultado fabuloso. Mucho mejor de lo que yo esperaba.

Porque respeta ritmos. Hay alumnos que van más rápido y tienen el curso solucionado pronto. Eso significa que puedo dedicarles menos tiempo (no que me preocupen menos) y puedo concentrarme en los que tienen dificultades (para darles una atención personalizada). Tengo tiempo en el aula para ellos.

Por supuesto no abandono ni aburro a los que logran la meta con anticipación. Les ofrezco nuevos territorios. Les ofrezco aprender nuevas habilidades. Les propongo que desarrollen capacidades comunicativas. Que aprendan a hacer un vídeo corto (esta idea, para mí, es reciente; la he visto en La Luna es mi lugar, de Karina Crespo, y me ha encantado), que aprendan a hacer una pequeña presentación de diapositivas virtuales, que aprendan a comunicar sus ideas mediante un blog. Tampoco quiero agobiarlos. Sólo llevarlos a nuevos territorios, que habitualmente no pisan los alumnos, concentrados como están en aprobar.

Pero quienes no se han terminado de adaptar son los alumnos. Ellos todavía piensan en los tres momentos en que rinden cuentas a sus padres. Y piden exámenes. Para poder aprobar. Está bien, acelera el proceso. Pero ojalá esto cambiara. Ojalá no hubiera juntas de evaluación. Ojalá pudiéramos mandar información sobre el alumnado a sus familias en cualquier momento con la misma precisión de una junta de evaluación. Los ritmos serían más fluidos, habría menos agobios.

Pero no ocurrirá así mientras no cambien las ideas que sobre evaluación tiene la administración educativa.

Mientras la mitad de un semestre sean 10 semanas.

¡Qué barbaridad!

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Profesor de Secundaria: del CAP al Máster

El Máster en Formación del Profesorado de Educación Secundaria sustituirá el próximo curso al Certificado de Aptitud Pedagógica (CAP)

Los titulados universitarios que quieran enfocar su trayectoria profesional hacia el ejercicio de la docencia en las aulas de secundaria lo tendrán, a partir del próximo curso, un poco más difícil. El ampliamente criticado Certificado de Aptitud Pedagógica (CAP), vigente en España desde hace más de 30 años, desaparecerá para dejar paso al nuevo Máster Oficial en Formación del Profesorado de Educación Secundaria. Tras la obtención de un título de grado, la superación de este Máster, de un año de duración (60 créditos europeos), será requisito imprescindible para habilitar el ejercicio de la profesión docente en secundaria.

Principales cambios

El pasado mes de diciembre el Consejo de Ministros aprobó los acuerdos por los que se regulan los planes de estudios conducentes al ejercicio de la actividad docente en nuestro país. Estos planes se realizan de acuerdo a la Ley Orgánica de Educación (LOE) y en línea con la adaptación de las universidades españolas al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES).

Aunque desde varios sectores educativos se había planteado la posibilidad de crear una titulación común para el conjunto de docentes de enseñanza obligatoria, y conformar así un cuerpo único de profesores, finalmente se ha optado por mantener la actual diferenciación de cuerpos docentes según las distintas etapas que se imparten en el sistema educativo obligatorio.

Por una parte, la implantación del sistema de grado universitario, ha permitido que la actual Diplomatura de Magisterio, que habilita para ejercer de Maestro de Educación Infantil o Educación Primaria, se convierta en un título de grado de cuatro años de duración, 240 créditos europeos (ECTS), un año más que en la actualidad. Asimismo, de las siete especialidades de esta diplomatura que se cursan en la actualidad (Educación Infantil, Educación Primaria, Educación Física, Educación Musical, Educación Especial, Lengua Extranjera y Audición y Lenguaje) se mantendrán únicamente dos: Educación Infantil y Educación Primaria.

En lo referente a la formación requerida para acceder a la actividad docente en las enseñanzas secundarias, es decir, Profesor de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanzas de Idiomas, el acuerdo del Consejo de Ministros establece que será necesario estar en posesión de un título de grado universitario y cursar un Máster oficial específico de un año de duración (60 ECTS), como requisito legal que habilita para el ejercicio de la profesión.

Este Máster se plantea como respuesta a la necesaria y urgente reforma de la preparación pedagógica que reciben los profesores, reclamada reiteradamente por el sector educativo. Una preparación que está marcada por las deficiencias que viene arrastrando, desde su implantación en España en la década de los 70, el actual Certificado de Aptitud Pedagógica (CAP).

Este Certificado, considerado insuficiente y con un grado mínimo de dificultad, es el único requisito exigido en la actualidad para acceder a las Oposiciones al Cuerpo de Profesores de Educación Secundaria, exceptuando a los Maestros y los licenciados en Pedagogía y Psicopedagogía, así como aquellos que acrediten dos años de experiencia docente en la especialidad. Desde sus inicios, el CAP ha sido ampliamente criticado, considerado por los expertos demasiado teórico y breve y alejado de la práctica profesional, ya que resuelve la formación inicial del profesorado de secundaria en tan sólo seis meses, o en algunos casos menos tiempo, dependiendo de la Comunidad Autonoma o de la Universidad que lo imparta.

El Máster

A la espera de que se publiquen las Ordenes Ministeriales por las que se fijaran los contenidos mínimos y los objetivos del Máster, tanto estos, como los requisitos de acceso se recogen en la propuesta de Máster Oficial en Formación del Profesorado de Educación Secundaria elaborada por el Ministerio de Educación y Ciencia.

En cuanto a las condiciones de acceso, además de los requisitos de admisión específicos que establezca cada universidad, el estudiante deberá acreditar el dominio de los conocimientos disciplinares de la especialidad que desee cursar, con un título de grado universitario que se corresponda con la especialización elegida. Estas especialidades, que se establecen teniendo en cuenta las materias de los estudios de ESO, Bachillerato y Formación Profesional, serán las siguientes:

  • Ciencias Experimentales y Tecnología.
  • Ciencias Sociales y Humanidades.
  • Economía, Gestión y Administración.
  • Educación Física.
  • Especialidades de FP relacionadas con el Sector Primario e Industrial.
  • Especialidades de FP relacionadas con el Sector Servicios.
  • Formación y Orientación Laboral.
  • Lenguas y Literatura.
  • Matemáticas.
  • Música y Artes Visuales.
  • Tecnologías de la Información y la Comunicación.

Por otra parte, en relación con los requisitos, una de las novedades más significativas respecto al actual CAP, es la exigencia de acreditar el dominio de una lengua extranjera equivalente al nivel B1 del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas, que se corresponde con un nivel intermedio.

La duración establecida para el Máster será de un año, 60 ECTS, aunque en algunos casos, el alumno deberá superar asimismo un número de créditos de formación adicional (máximo 60 ECTS) según la formación que haya acreditado y la especialidad por la que haya optado. Esta formación adicional, que se establecerá de forma individual para cada estudiante, está dirigida al aprendizaje de contenidos y competencias específicas de la especialidad, para aquellos alumnos que no posean un título relacionado directamente con ella.

Al margen de esta formación adicional, los 60 ECTS que forman parte de los contenidos formativos comunes estarán dirigidos, por una parte, a proporcionar al profesorado el conocimiento de las materias correspondientes a la especialidad cursada, y por otra, a saber enseñar estos contenidos adecuándose al nivel y la formación de los estudiantes. Asimismo, esta formación se orientará a la adquisición por parte del profesorado de las habilidades necesarias para ejercer su actividad docente: planificar, desarrollar y evaluar el proceso de enseñanza y aprendizaje, concretar el currículo de la materia, desarrollar las funciones de tutoría y orientación o participar en la investigación e innovación de los procesos de enseñanza, entre otras.

Con base en estos objetivos, los contenidos comunes se estructurarán en siete actividades formativas: formación disciplinar (12 ECTS), aprendizaje y la enseñanza de las materias de la especialidad y afines (12 CTS), aprendizaje y desarrollo de la personalidad entre 12 y 18 años (6 ECTS), procesos y contextos educativos (6 ECTS), sociedad familia y educación (6 ECTS), innovación docente e iniciación a la investigación educativa (6 ECTS) y el Practicum (12 ECTS).  

La dedicación de un 20% de la formación de este Máster a la parte práctica (Practicum), es una de las propuestas más valoradas por el ámbito educativo, teniendo en cuenta que en el CAP, esta actividad, considerada esencial para adquirir los conocimientos teóricos y prácticos de la profesión docente, se desarrolla únicamente durante cuatro semanas, sumando un total de 80 horas. Durante el Practicum del Máster, los estudiantes se integrarán dentro de un equipo docente de centros de educación secundaria reconocidos como centros de formación en prácticas. En este periodo, contarán con dos tutores de prácticas acreditados, uno perteneciente al equipo docente del centro y otro por parte de la universidad.

Una vez obtenido el título de Máster, el estudiante poseerá la formación y competencias necesarias para ejercer como profesor de Educación Secundaría. Asimismo, el título le habilitará para acceder al tercer ciclo de estudios universitarios, los estudios de Doctorado, siempre que haya completado un mínimo de 300 créditos en el conjunto de sus estudios.

(consumer.es 10 febrero 2008)

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Arturo Pérez-Reverte llama imbéciles a todos

Permitidme tutearos, imbéciles

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno.

Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera.

No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía.

De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas.

De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.

Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia.

Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña.

Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico».

O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos».

Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p´alante.

Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet.

La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.

(eldigitalcastillalamancha.com 20 febrero 2008)

Gracias a la colaboración de María del Barrio.

 

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