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Hasta el 15% de los españoles ya es adicto a Internet | Neurociencia | elmundo.es

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La mitad de los niños vive entre tabaco

Entre un 50 y un 70% de los niños españoles viven entre tabaco, ya sea porque fuman los padres o porque lo hace la persona responsable de su cuidado. El dato lo aporta el estudio europeo Eurobarometer, dedicado a las actitudes de los europeos ante el tabaco, presentado en el IV Curso Experto en Tabaquismo de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), celebrado en Barcelona entre el 18 y el 22 de febrero.
España registra uno de los porcentajes más elevados de la UE de personas que fuman delante de sus hijos.
Según el estudio, España registra uno de los porcentajes más elevados de la UE de personas que fuman delante de sus hijos (52%), además está a la cabeza en el número de personas que fuman en su casa (92%). Los resultados de este estudio también revelan que un 77% de los consumidores de tabaco fuman en presencia de mujeres embarazadas, y que tan solo un 63% lo hace mientras esta solo.

Asimismo las mujeres, las personas en situación de desempleo, y los pensionistas, son quienes tienen más hábito de fumar mientras están solos. El 85% de los fumadores lo hacen en compañía de no-fumadores; un 25% de los consumidores de tabaco fuman en el coche y de entre éstos, el 9% admite que lo hace en presencia de sus hijos.

Los expertos se apoyan en estos datos para pedir que la prevención contra el tabaco forme parte de los programas educativos de las escuelas.

El 80% de los fumadores españoles no ha intentado dejar el hábito durante el último año.

El estudio también señala que el 15% de todas las muertes de la UE se deben al tabaco y su prevalencia aumenta entre los más pequeños. El 80% de los fumadores españoles no ha intentado dejar el hábito durante el último año y un 45% lo ha intentado tan solo durante dos meses. El 33% ha vuelto a fumar a causa del estrés y de la ansiedad y un 18% ha intentado dejar de fumar con ayuda de un profesional, mientras que un 26% ha utilizado terapias sustitutivas de la nicotina.
(20minutos.es 25 febrero 2008) 

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La patología mental acompaña a los consumidores de cocaína

El cannabis prepara al cerebro para probar otras sustancias

Mientras algunos científicos se centran en el análisis epidemiológico del consumo de sustancias de abuso, otros indagan en los mecanismos fisiológicos que llevan a determinadas personas a tomarlas. Este fue el objetivo de un trabajo dirigido por Emilio Ambrosio, catedrático de Psicobiología de la UNED, y María Luisa Soto-Montenegro, de la Unidad de Medicina y Cirugía Experimental del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, y publicado recientemente en Neuropsychophar-macology. Sus experimentos en ratas les han llevado a concluir que el consumo de cannabis modifica el cerebro del adolescente, de tal forma que puede favorecer el consumo de otras drogas en la edad adulta. Estos resultados respaldan las tesis de quienes aseguran que los porros pueden ser el punto de partida en la espiral de la drogadicción, pero además ofrecen una explicación fisiológica al margen de los factores sociales.

a adicción es considerada, por sí misma, un trastorno psiquiátrico, pero a menudo va también acompañada de otros problemas mentales. Un equipo de investigadores españoles, encabezado por Antonia Domingo, del Grupo de Epidemiología de las Drogas de Abuso del Instituto Municipal de Investigación Médica (IMIM-Hospital del Mar) de Barcelona, ha realizado un estudio epidemiológico que confirma la frecuente coexistencia de este tipo de patologías en jóvenes consumidores de cocaína. Además, el método que han utilizado les ha permitido discernir en qué casos la patología mental es independiente del abuso de sustancias y cuándo es inducida por la droga. En los últimos tiempos se ha debatido mucho sobre la denominada patología dual -adicción a drogas unida a otras enfermedades mentales-, y existe la discusión de si el trastorno psíquico predispone al consumo o éste precipita determinados trastornos psiquiátricos.

El trabajo fue realizado con la colaboración de 139 personas de entre 18 y 30 años que eran consumidoras habituales, con las que se contactó en lugares de ocio y a través de asociaciones de ayuda.

«Se les pasó un cuestionario muy amplio y después, a los que les tocaba por sorteo, se les preguntó si estaban dispuestos a que estudiáramos sus problemas psiquiátricos», explicó Antonia Domingo. La herramienta utilizada fue la versión española de la Entrevista de Investigación Psiquiátrica para Trastornos Mentales y por Sustancias (PRISM, sus siglas en inglés).

Un total de 84 encuestados no tenían ningún otro problema psiquiátrico, pero 33 presentaban patologías mentales independientes de la droga y 22 inducidos por ésta. Entre estos últimos, algunos sujetos también podían padecer patologías primarias. En ese 42,5% con enfermedades psiquiátricas, las más comunes estaban relacionadas con el estado de ánimo, como la depresión, o con la ansiedad, como el pánico. También se descubrieron algunos trastornos de personalidad.

Consumo múltiple

Antonia Domingo señala que uno de los resultados más interesantes fue que se observaron más problemas mentales en aquellas personas que habían consumido, además de la que era objeto de estudio, otras sustancias. Por otro lado, quienes se administraban cocaína base (también llamada crack), tenían una mayor tendencia a padecer trastornos inducidos, «aunque no de una forma muy notable», matiza la investigadora. También agrega que esto representa un mayor riesgo en países como EEUU, ya que en España se sigue usando en mayor medida la vía de administración nasal.

La publicación de estas conclusiones -en la edición de febrero de la revista Addiction- tan sólo es el principio de una investigación más amplia. Los científicos harán un seguimiento de entre año y medio y dos años a los participantes con el fin de analizar sus patrones de consumo y determinar hasta qué punto están ligados a los problemas psiquiátricos. Por ejemplo, analizarán qué pasa cuando una persona abandona la cocaína. Estos estudios contribuirán a diseñar mejores tratamientos de deshabituación.

(elmundo.es 2 febrero 2008)

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Los efectos de las drogas…

… seguramente ya las conoces. Si realmente no se necesitan ¿para qué tomarlas?

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Para entender el mecanismo de las drogas

hay que entender el placer inmediato que proporciona sin dejar de entender las consecuencias negativas que tienen a medio y largo plazo en los circuitos neurológicos…

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"La coca es mierda, te destroza"

Los amigos de El Bola cruzan las vías instantes antes de que pase el tren. Un juego que a él le parece estúpido. El grupo presiona para que se una. Él se niega y los insulta a gritos. Ana Prieto, orientadora del instituto Iturralde de Carabanchel (Madrid), congela la imagen del DVD e inicia la charla con unos 20 alumnos de diversificación (con algún problema de aprendizaje) de 4º de ESO.

Los amigos de El Bola cruzan las vías instantes antes de que pase el tren. Un juego que a él le parece estúpido. El grupo presiona para que se una. Él se niega y los insulta a gritos. Ana Prieto, orientadora del instituto Iturralde de Carabanchel (Madrid), congela la imagen del DVD e inicia la charla con unos 20 alumnos de diversificación (con algún problema de aprendizaje) de 4º de ESO. Los trozos de películas, las canciones de grupos actuales o los anuncios publicitarios forman parte del banco de herramientas audiovisuales elaborado por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD). Cada profesor elige la herramienta en función de lo que quiera trabajar. Prieto ha optado por esta secuencia de El Bola para hablar de las habilidades de oposición frente a las drogas.

“Es complicado enfrentarse al grupo, hay que tener mucha fuerza de voluntad”, rompe el hielo Christian. “Si te obligan a hacer algo que no quieres, es que no serán tan amigos, ¿no?”, tercia Lorena. “Pero te sientes excluido”, saltan un par de voces. Los jóvenes se muestran participativos y con ganas de opinar. Tienen 16 y 17 años y entre todos suman varias nacionalidades. Lo habitual en este instituto con unos 700 estudiantes y un 50% de alumnado inmigrante en 1º y 2º de ESO (un 30% en 3º y 4º). “Mi pandilla quería entrar en una discoteca; yo no y me quedé fuera; resulta que algunos me acompañaron”, recuerda Rubén. La presión del grupo es brutal en la adolescencia pero “es posible oponerse haciendo lo que piensas y explicándolo”, recapitula la orientadora.

“Yo bebí por primera vez por mis amigos. No es que me obligaran pero todos lo hacían. ¿Iba a ser el único sin estar de fiesta? Me dejé llevar”, confiesa alguien. La curiosidad, las ganas de experimentar son otras razones para empezar a fumar y a beber. En el entorno de estos chavales la edad de inicio ronda los 13 o 14 años, según calculan, y no hay diferencias entre sexos. ¿Beben hoy los adolescentes españoles más, y desde más jóvenes, que antes? La respuesta es un sí rotundo de toda la clase. ¿Es tan sencillo el acceso a las drogas? Otro sí general. Los chavales defienden el botellón, entre otras razones, porque “en un pub la copa está a cinco euros”. “Si estuviera permitido la gente no lo haría tanto”, opinan. “Vamos a pasárnoslo bien y a relacionarnos con gente de nuestra edad, no a emborracharnos”, sostienen dos chicas. Aunque también conocen a quien acude para “coger un pedo”, a quien no para hasta caer redondo. El diálogo continúa y varios sostienen que el alcohol no es una droga “si se consume con moderación”. “¡Pues claro que lo es! Y te puede enganchar igual que las demás”, exclama Lorena apoyada por Bea. “Vaya ejemplo que dan algunos padres en casa, bebiendo alcohol”, espeta un joven musulmán.

Según la Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias (ESTUDES) 2006-2007, el 55,3% de los adolescentes de 14 a 18 años entrevistados se ha emborrachado alguna vez. Y más de un tercio ha probado alguna vez el cannabis. “Si quieres, es fácil comprar chocolate, cocaína o pastillas en el barrio”, sentencian nuestros protagonistas, que ni mencionan la heroína: “Las pastillas están en las macro-discotecas; la coca, que antes era más cara, ahora te le venden cortada mucho más barata”. Pero ellos se consideran bien informados para defenderse de los peligros. Juan Antonio habla habitualmente con sus padres sobre el tema. A otros, las alertas les llegan vía profesores e instituto. Un porcentaje significativo dice que su principal fuente de información es la televisión.

“La coca es mierda, no pienso probarla en mi vida”, asegura Juan Antonio. “Sus consecuencias son irreversibles, te destroza el cerebro. Sólo tienes que ver a la gente tan hecha polvo que saca Callejeros”, prosigue Bea aludiendo al programa de reportajes de Cuatro. La ESTUDES ha detectado que el consumo de cocaína (la segunda droga ilegal más extendida después del cannabis) ha experimentado “un descenso acusado, rompiendo con la tendencia creciente de los últimos años. Este descenso se ha producido sobre todo en los 17 y 18 años”. “Es bueno que empiecen a tener esa percepción de peligro con la cocaína, como hace años ocurrió con la heroína”, expone la orientadora.

Suena el timbre. La clase dedicada a prevención de drogodependencias, la última de esta mañana de miércoles, ha terminado. “Son chicos sanos”, murmura Ana Prieto mientras apaga la tele y pone el mando a distancia en su sitio. A su alrededor, los alumnos recogen sus cosas y van desfilando por la puerta. Fuera les espera la calle.

(elpaís.com 17 diciembre 207)

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Jóvenes destilados

“¡A los 14 años en un cumple…!”, exclaman entre risas Kika, Josué y Antonio, adolescentes del municipio de Villarejo de Salvanés (Madrid) cuando rememoran la primera vez que probaron el alcohol. Es martes a las siete de la tarde y los tres toman unas cañas en un bar de Villarejo, una localidad de 7.000 residentes en la carretera de Valencia. Hay poca gente en el local: vecinos de más de 50 años que huyen del frío con carajillos y gin tonics. “Hoy es una excepción”, se excusan los tres adolescentes, al verse un día entre semana tomando cañas y rodeados de gente mayor.
Cigarrito en mano, hablan de sus estudios de FP, del trabajo de Antonio en una fábrica de madera y de un concursante de Operación Triunfo que es de su pueblo. Trago y trago.

Los padres del joven de hoy empezaron a beber cada fin de semana en los 80 Tienen 15, 16 y 20 años, y con más amigos han alquilado un garaje donde se reúnen casi todos los días. En su local, botellas de ron, posters de coches y de chicas desnudas recauchutadas y música tecnho. “El fin de semana sí que bebemos más, siempre hay algo que celebrar… Entre semana, menos”, aseguran. Los tres creen que es una exageración eso de que los jóvenes beben mucho, aunque reconocen que en pueblos tan pequeños como el suyo muchas veces lo hacen “por aburrimiento”.

En Villarejo de Salvanés hay pocas opciones de ocio, pero los tres creen que tienen una ventaja respecto a los chavales de la capital: poder salir hasta más tarde. “Yo me puedo quedar hasta las cuatro de la mañana los fines de semana y a mis padres no les da miedo porque éste es un pueblo tranquilo”, afirma Kika.

Queremos ser adultosLa edad de inicio en el consumo de alcohol entre los adolescentes españoles está en los 13 años, según el estudio de la Fundación La Caixa Los adolescentes ante el alcohol: La mirada de padres y madres. Hay varias maneras primerizas de acercarse a la bebida. Por ejemplo, calimocho, cerveza y copas como sustitutos del aburrimiento en las localidades pequeñas. O alcohol desde el mediodía, y asociado al mundo adulto para los jóvenes que consiguen su primer empleo a los 16 años. “A esa edad, no tienen suficiente dinero para independizarse de sus padres pero sí para consumirlo en ocio”, analiza el psiquiatra Eusebio Megías, director técnico de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción y autor del estudio.

«Hace 20 años sólo bebían vodka o whisky los chicos ricos», compara un médico En el polígono industrial de Arganda del Rey (Madrid) trabaja el veinteañero Raúl Gómez instalando alarmas de seguridad. Hora de la comida: vino con casera y otro que argumenta que no bebe. “En las comidas un poco de vino, y el fin de semana pues también … Es que trabajo con gente muy mayor…”, explica rodead de obreros de más de 40 años que acompañan el menú de siete euros con un vino. El paisaje se repite por el polígono: jóvenes trabajadores haciendo una pequeña parada con una lata de cerveza.

Universitarios y barra del bar. Otro clásico: el joven que se pasa el primer año de universidad tirado en la barra de un bar o de botellón. Suele ocurrir sobre todo con los que salen a estudiar fuera de su lugar de origen, lejos del control familiar.
Los padres poco pueden hacer para controlar a distancia a alumnos como Adrián (nombre ficticio para que no le reconozca su familia) de A Coruña, recién llegado a Madrid con 19 años. Su fin de semana acompañado de alcohol empieza cada miércoles y el chaval acaba la semana con cuatro borracheras.
«En pueblos pequeños muchas veces bebemos por aburrimiento», alega un chico de Villarejo Reconoce que desde que llegó a Madrid, a finales del pasado mes de septiembre, se emborracha con frecuencia: “De tres a cuatro veces por semana”.El caso de Adrián es un ejemplo de la vida estudiantil de los 7.000 alumnos de fuera de Madrid que llegan a la capital cada año para arrancar sus estudios universitarios. Sin embargo, sirve para entender que la mayoría de estos jóvenes elige el alcohol como el mejor método para socializarse. “ Acuden a beber con amigos en parques y bares en busca de una nueva familia”, explica Eduardo Brik, director del Instituto de Investigación y Tratamiento del Alcoholismo y Drogodependencias.
La mayoría de los pacientes jóvenes que atiende este médico terapeuta en su consulta son trabajadores con horarios interminables. “Sobre todo son chicos que trabajan como comerciales y que están obligados por su empleo a mantener una vida social activa de manera permanente. No olvidemos que el alcohol es una droga fundamentalmente social”, ejemplifica.
Perfil rejuvenecido. Los especialistas en el trato con alcohólicos han notado que el perfil ha del enfermo en España ha rejuvenecido. “Para crear un proceso de dependencia es necesario que pase un tiempo pero aparecen casos de gente que abusa de la bebida con 22 y 24 años”, admite Megías. Aunque no haya dependencia, el organismo sufre mucho. “Hasta los 18 años, las personas desarrollan su sistema neuronal y también se forman en la sociedad”, lo que agrava las consecuencias de la resaca frecuente.
Eduardo Brik alerta además de que el adolescente que bebe alcohol todos los viernes y los sábados sistemáticamente puede acabar acortando el periodo entre borrachera y borrachera. Un 21,8% de los jóvenes lo hace todos los fines de semana.

Adrián, el fútbol y la cerveza
Adrián ha quedado por la noche con sus compañeros del colegio mayor universitario en un bar del barrio de Argüelles, en Madrid, para ver un partido de fútbol de la Liga de Campeones. La elección no ha sido al azar.

“Es el bar que más baratas tiene las copas”, explica. “Jarra de cerveza, calimocho: 2 euros”. Es un reclamo muy típico similar al que en otros bares ofrece: “Desayuno: café con churros; 2 euros”.
El grupo de cinco amigos habla a gritos mientras se pasa un cilindro de plástico de un metro relleno de whisky con coca-cola. La consumición se llama metro. El partido se ha acabado, pero los amigos continúan la noche.
Los pedos de entre semana son los mejores”, enfatiza Nacho, canario también de 19, estudiante de fisioterapia.“Ahora estamos más tranquilos, pero en septiembre íbamos a borrachera diaria”, reconocen. En apenas una hora, caen dos metros de whisky. “La diferencia de la costumbre alcohólica de los jóvenes de ahora frente a los de hace 20 años es que el poder adquisitivo ha crecido y se pueden permitir bebidas de alta graduación. Antes sólo bebían vodka o whisky los ricos”, analiza Brik.
El doctor Megías añade otro detalle generacional: “Los padres de los adolescentes actuales son la generación de los 80 que inauguró la costumbre de beber cada fin de semana”. Ese pasado les crea un problema de conciencia que conlleva cierta permisividad con el consumo de alcohol de sus hijos. “En el fondo, piensan que ellos también lo hicieron y eso aumenta la tolerancia”, explica el psiquiatra. A pesar de los múltiples perjuicios a la salud que supone el alcohol, los jóvenes niegan la visión negativa del abuso de la bebida a la que consideran inofensiva. “Está claro que no es lo mejor para el cuerpo, pero peor son las drogas duras. La coca sí que mata”, afirma Adrián.
Lo mismo piensan en Villarejo de Salvanés Kika, Josué y Antonio. Y Raúl Gómez mientras apura su descanso en el polígono de Arganda. El alcohol es la primera droga a la que acceden los jóvenes y, en muchas ocasiones, es el mejor camino hacia otras.
(público. es 2 diciembre 2007)

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