Por la cultura compartida

Desde poco antes de terminar el año, hemos estado escuchando por los diversos medios de comunicación que el Gobierno pretende que se apruebe una ley que frena cualquier tipo de descarga: la Ley Sinde. Y a pesar del clamor popular en contra de ello, de las protestas organizadas por los defensores de la cultura compartida por vía internet, el Gobierno ha seguido empeñado en sacarla adelante, hasta conseguirlo, en un principio con una más que dudosa oposición del PP y CIU, y finalmente dando su visto bueno a dicha medida reaccionaria.

“Esta ley busca compatibilizar todos los derechos”, dice la ministra de cultura González-Sinde. Pero no; todo lo contrario. Esta ley busca defender los privilegios de unos pocos, haciendo caso omiso del derecho a la cultura de todos los demás. Con esta ley, una propia comisión del Ministerio de Cultura, formada por la propia industria discográfica, será la encargada de decidir si una web debe cerrarse al tener o facilitar contenido con derecho de autor. Es decir, “el que lleva perdiendo varios partidos seguidos, se encargará él mismo de arbitrar el próximo partido”, afirma David Bravo, abogado especialista en propiedad intelectual y en derecho informático.

Hasta ahora, una serie de jueces eran los encargados de decidir si tal o cual página web debía cerrarse, pero esta ley pretende que la misma industria discográfica tome dicha decisión, lo cual resulta completamente injusto.

Estamos en el Siglo XXI, en una época en que la tecnología avanza a velocidades insospechadas, y en el que acceder a la información se hace cada vez más fácil, sin embargo esto no parece gustar ni al Gobierno, ni a la SGAE, ni a las industrias discográficas, que siguen encerradas en su decisión de prohibir toda vía de descarga, y hacer que la gente acceda a la cultura pagando. Esto es una muestra más de su postura reaccionaria, negándose a reconocer que hay otra vía más  fácil con la que se puede prescindir de las discográficas, y es la red “peer-to-peer” (más conocido como P2P), la cual permite compartir archivos de una forma totalmente directa, y pudiendo llegar a cualquier rincón del mundo a través de internet.

Pero esta ley va más allá a parte de todo esto. La ley Sinde, al permitir el cierre de páginas web sin tener que recurrir a los jueces, la administración tiene pleno control para cerrar cualquier página de manera legal, aumentando así su poder y mermando tajantemente la libertad en internet.  Esto es algo que ha dado buenos frutos en Estados Unidos, donde el Gobierno de allí tiene poder absoluto para poder cerrar cualquier página lo más rápido posible y sin ningún problema, y precisamente es Estados Unidos quien aconseja al Gobierno español de seguir estas medidas.

Os dejo esta reflexión crítica acá porque creo que es muy importante este suceso, entre los miles y miles que hay, ya que es una medida que pretende defender lo obsoleto, que son las industrias discográficas, y que para colmo permite que el Ministerio de Cultura no tenga ningún impedimento a la hora de cerrar cualquier web, prácticamente sin necesidad de aviso. Y porque pienso que las descargas deben ser tenidas en cuenta como algo totalmente positivo para el mejor acceso a la  cultura, algo que por lo que se supone no habría que pagar, sino recibir gratuitamente. ¿Cómo lo veis? ¿Creeis que las industrias discográficas son realmente necesarias, o que hay alternativas actuales?

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