Un continente sin médicos

Los pocos médicos del hospital Lira, en el norte de Uganda, iniciaron una huelga a principios de mes para pedir al gobierno que les pagara lo que les debía por estar trabajando en una zona devastada por la guerra. Siete pacientes murieron durante esos días y las embarazadas dieron a luz ayudadas por otras parturientas. La situación, dramática, es sólo la punta del iceberg de un problema que desde hace años afecta al continente africano: el éxodo de personal sanitario y las malas condiciones que tienen que afrontar los que se quedan.

La paradoja africana es que soporta el 25% de la carga de enfermedad mundial, pero sólo cuenta con el 3% de los trabajadores sanitarios y tan sólo con el 1% de los recursos económicos destinados a la sanidad. Con motivo de la celebración del primer Foro Global sobre Recursos Humanos y Salud en Uganda, la revista ‘The Lancet’ dedica un número especial a analizar la ‘fuga de cerebros’ que vive el continente.

“La crisis de recursos humanos en África es un tema que debería estar en los primeros puestos de la agenda política. Cualquier posible solución que no cuente con el apoyo político está condenada al fracaso”, dice el editorial, que concluye que “no se puede seguir permitiendo que los países ricos exploten y saqueen el futuro de las naciones más desfavorecidas”.

Una de las investigaciones publicadas en la revista indica que en África hay, de media, un médico para cada 8.000 pacientes. Aunque, como indica Edward J. Mills, de la Universidad British Columbia en Canadá y coordinador de este trabajo, la situación varía mucho de un lugar a otro. Por ejemplo en Malawi, uno de los países más afectados por el éxodo de profesionales, la proporción es de uno por cada 50.000 personas. Lo mínimo aceptable, según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), es que haya un profesional por cada 5.000 ciudadanos.

Países como Reino Unido, EEUU, Australia, Canadá, Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudí, entre otros, tienen su parte de responsabilidad en las pobres cifras que presenta el continente. Uno de cada 10 doctores que trabajan en el Reino Unido procede de África. Más de 13.000 galenos entrenados en el África Subsahariana atienden en Australia o EEUU. Y esta emigración de profesionales no afecta sólo a los médicos, sino también a las enfermeras y farmacéuticos.

Una oferta imposible de rechazar

El doctor Mills y sus colegas de investigación han constatado que la captación de personal africano continúa a pesar de los esfuerzos de las autoridades sanitarias locales por evitarlo. Anuncios en periódicos, revistas y páginas web, mensajes de texto a los trabajadores sanitarios y correos electrónicos son sólo algunos de los métodos habituales para reclutar a los médicos africanos. Estas ofertas de empleo van normalmente acompañadas de una garantía de conseguir sin problemas los papeles de inmigración en el país de acogida, de una buena remuneración económica y de cubrir los gastos ocasionados por el traslado.

“Si no se emprenden acciones inmediatas para evitar esta migración, las consecuencias para África serán extremadamente graves”, afirman los autores. “Sólo fijándonos en el sida, de aquí a 2012 podría triplicarse el número de seropositivos que tendrá que ver cada médico, lo que influirá negativamente en el tratamiento de estos pacientes”, indican.

Los investigadores consideran que “no existe ninguna duda de que esta situación es una importante violación de los derechos humanos” e incluso se preguntan si podría considerarse esta práctica de reclutamiento sistemático como “un crimen internacional”.

La captación regular de trabajadores de los países más pobres mina el derecho a la salud recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y contradice muchas otras declaraciones y códigos de ética médica. Sin embargo, hasta ahora se ha hecho la vista gorda.

Aún reconociendo que todos los trabajadores tienen derecho a elegir dónde quieren trabajar, la revista médica apunta cuáles son las causas por las que tantos africanos deciden irse. Los bajos salarios que ofrece el continente, los pocos recursos con los que cuenta y la mala infraestructura, las largas jornadas laborales, la amenaza de infecciones y violencia y la falta de una promoción en el trabajo son factores que animan a marcharse.

“Mejorar la salud de los países más pobres y más afectados por algunas enfermedades es un reto internacional. Los delegados reunidos en el Foro Global deben ser ambiciosos. Si existe cualquier esperanza de fortalecer los sistemas de salud en África hay que intentarlo por todos los medios, por muy complicado y utópico que resulte”, finaliza el editorial.

(elmundo.es 22 febrero 2008)

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