Saber inglés depende de la clase social y la comunidad autónoma

El inglés sigue siendo la asignatura pendiente de la enseñanza pública. Los esfuerzos de las familias y las administraciones por cambiar el tradicional desconocimiento de esta lengua en España no han conseguido dar la vuelta a los datos que nos sitúan a la cola de Europa en esta materia.

Existen grandes desigualdades en el aprendizaje de un segundo idioma en función de los recursos de las familias, pero también de la autonomía en la que se viva. En Navarra, por ejemplo, sólo el 1% de los alumnos de centros públicos tiene acceso a una enseñanza bilingüe. En la vecina Aragón, en cambio, el 25% de los niños estudia en un colegio de estas mismas características.

Estas diferencias no son menores en un país tradicionalmente negado para el inglés. Según el último eurobarómetro sobre Los europeos y los idiomas, sólo el 27% de los españoles puede mantener una conversación en inglés, por detrás de vecinos más aplicados como Eslovaquia, Grecia o Rumanía.

El 92% de los padres que hoy se confiesan incapaces de hablar, escribir o leer en inglés considera “muy o bastante importante” conocer otro idioma, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Por ello se han propuesto librar a sus hijos de este problema.

El dinero influye

En este terreno hay claras distinciones entre las posibilidades de éxito que tienen los niños de familias acomodadas y los de las más humildes. Aquellos con menos recursos tienen limitado el acceso a clases particulares, academias privadas (los cursos de tres horas semanales cuestan entre 60 y 100 euros al mes) o viajes al extranjero. Lo que les queda, entonces, es la enseñanza de la escuela pública.

En los últimos años el Ministerio de Educación y Ciencia ha tratado de impulsar el aprendizaje de otros idiomas en los centros públicos. El principal cambio llegó de la mano de la Ley Orgánica de Educación (LOE), que establece por primera vez que los niños empiecen a estudiar inglés desde los seis años y no desde los ocho, como sucedía hasta ahora. A partir de los diez años, pueden aprender una segunda lengua extranjera.

Las comunidades autónomas, en poder de las competencias educativas, han impulsado en diferente medida los centros de enseñanza bilingües, los más solicitados por los padres.

“Acabará funcionando”

Pedro Carrero decidió llevar a su hijo de once años a uno de estos colegios, el Ramiro de Maeztu de Madrid. Está seguro de que el aprendizaje de un segundo idioma depende en gran medida de las posibilidades del centro y de la cualificación de los maestros. Aún detecta carencias, pero cree que con el tiempo este sistema “acabará funcionando si los profesores se lo toman en serio y se les capacita para dar sus materias en inglés”.

El funcionamiento de la mayoría de estos colegios está aún muy verde. No pueden empezar a dar inglés a los niños de un día para otro sin una base. Por esta razón, las lecciones bilingües empiezan en las edades más tempranas. Además, se necesita tiempo para que los docentes aprendan la lengua a un nivel que les permita dar su materia en inglés. Y este aprendizaje, recuerdan distintas autonomías, no se produce de la noche a la mañana.

En otros países, como Finlandia, los resultados de las clases son mejores con apenas dos horas de clase a la semana. Una de las diferencias fundamentales radica en el método empleado por los docentes y en su especialización.

Expertos en los estudios de idiomas creen que la administración es demasiado “flexibles” cuando habla de centros bilingües y que muchos de los niños que estudian en los colegios denominados así no adquirirán conocimientos suficientes para que se les considere “bilingües”.

Los viajes de idiomas están todavía al alcance de pocos

Más de 145.000 españoles realizaron un viaje de idiomas en 2007, según la Asociación de Promotores de Cursos en el Extranjero (ASEPROCE). Las becas concedidas el pasado año por el Ministerio de Educación y Ciencia propiciaron que por primera vez hubiera becarios entre estos alumnos (más de 42.000).

Juan Manuel Elizalde, presidente de ASEPROCE, defiende la importancia de estos cursos y asegura que “salir fuera ya no es un capricho, ahora es una necesidad”. No obstante, los precios de estos programas no están al alcance de todos: según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), sólo un 8,4% de los españoles dice haber realizado uno de estos cursos en el extranjero.

Cine e inglés en Hollywood

Las empresas del sector, que mueve 300 millones de euros al año, se han tenido que adaptar a las nuevas demandas de sus estudiantes. Ahora muchos jóvenes son reacios a emprender un viaje y necesitan un “empujón” para animarse. El “gancho” llega en forma de todo tipo de cursos que combinan el idioma y el ocio: inglés y fútbol en Reino Unido, baloncesto en Estados Unidos, trabajo como voluntarios en un centro de delfines en Australia…Los adultos, por falta de tiempo, intentan aprender en sus vacaciones. Por este motivo cada vez se organizan más programas de ocio: inglés y safari en Sudáfrica, diseño en Londres, cine en Hollywood, francés y cocina en Provenza, enología en Burdeos, chino y Tai Chi en Pekín…

(publico.es 17 febrero 2008)

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