La enseñanza

Desconcertante. Parece ser que nuestros hijos, bueno, los hijos de quienes los tengan, rozan el analfabetismo funcional. No todos, como tampoco todos los chimpancés eran tan listos como aquel que vimos ordenando números en la tele. Si el caletre no me falla, que también podría, se entiende por analfabeto funcional aquel que no comprende lo que lee y ahí es donde los escolares españoles se salen (aún recuerdo los gritos de los muchachos que, en una vida anterior en la que me tocó intentar meter en cabezas ajenas algo, demandaban a gritos que se les enseñaran cosas útiles, “¿Para qué sirve la Lengua?”, decían quejumbrosos). Después de años de reformas, de reformas de las reformas donde primaba aquello de aprender a aprender (a aprender) y de ejercitar supuestamente destrezas ocultas bajo una jerga inextricable, ¿cómo era aquella definición de recreo?, obligando al profesorado a convertirse poco menos que en coleguis de sus alumnos y abusando de la participación, entre otras cosas, de los padres que se tomaban el asunto muy en serio, tanto que entendían pagar para que a sus hijos se les enseñase sin que incurrieran ellos en mayor responsabilidad que la que contraían con un muslo de pollo cuando lo compraban (amén de haber contribuido a una abusiva permisividad y un desprestigio del esfuerzo y de la no aceptación de la frustración más nimia), el todo en un ambiente no sé si de la ley de Murphy o del principio de Peter, seguramente de ambos, que acababa bajando el nivel año tras año, después de todo eso a lo mejor pensábamos que íbamos a obtener genios y que la violencia en las aulas y otras lindezas eran cosa de Norteamérica.
Por eso, los resultados del proyecto PISA no desconcierta en absoluto, desconciertan más un par de cosillas que le venían anexas. La primera es que para curarse en salud los astutos rectores de nuestro País Vasco decidieron que el 86% de la prueba se realizase en ¡castellano! y eso después de haber parido un vergonzante Currículo Vasco que apunta hacia la hegemonía del euskera.
Qué poca confianza han demostrado tener en su propio proyecto educativo y qué desprecio hacia una sociedad a la que están culpabilizando por no saber el idioma de Aitor y a la que le están imponiendo sacrificios y a veces exigencias insoportables a la hora de acceder a determinados empleos. No importa, todo vale con tal de quedar mejor -como así ha sido- que esos burros de españoles. El segundo detallito es obra de nuestro presidente del Gobierno José Luis Rodriguez Zapatero que achaca los malos resultados PISA a la mala preparación de los padres sin darse cuenta de que los adolescentes de hoy han sido engendrados por gentes que accedieron al bachillerato con la democracia, luego viene a echar la culpa a los suyos (y un poco quizás a Suárez).
Si uno lanza la vista atrás piensa que a los catorce años estábamos mejor preparados que los adolescentes de ahora, por lo que a la Enseñanza se refiere, y eso a pesar de la pésima preparación de nuestros padres (entonces ni siquiera muchos tenían el Graduado), de la absurda y constriñente disciplina, de la rara preparación de maestros y profesores (aunque en muchos había mucha vocación y entrega), de la dificultad para conseguir libros y no digamos acceder a la información, de la pobreza general, etc. Resulta un poco extraño, ¿verdad?
(elpais.com 10 diciembre 2007)
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