La erotización de la infancia causa alteraciones físicas y psíquicas a medio y largo plazo

Ansiedad, depresión, anorexia, bulimia… es el precio que pueden pagar las menores por «jugar» a potenciar su atractivo sexual. La asociación de psicología americana acaba de publicar un extenso documento en el que denuncia una tendencia sexualizadora que capta a población cada vez más joven. Según los expertos, las niñas que sucumben a este influjo, procedente de todos los ámbitos que las rodean, corren un grave peligro

Una imagen polémica. El anuncio, con el que la firma Armani publicita en internet su línea de ropa júnior, ha sido denunciada por el Defensor del Menor de Madrid, por ‘fomentar el turismo sexual’ .

Las pequeñas de la casa no están ocupadas en hacer plastilina, colorear o aprender a montar en bicicleta. Ahora, se empeñan en tener el tipo de Beyoncé, bailar como Shakira, vestir ‘tops’ y minifaldas que dejen su ombligo al aire y se preocupan por cuándo sus padres les darán permiso para hacerse un tatuaje, un ‘piercing’ y un aumento de mamas que les permita volver locos a los chicos.

Los expertos han dado la voz de alarma ante lo que llaman sexualización precoz de la infancia, concretamente de las niñas. El problema no reside sólo en el hecho de que esta tendencia les está robando una etapa necesaria, como es la niñez. La erotización infantil eleva el riesgo de problemas psíquicos y físicos a medio y largo plazo. Los trastornos de la conducta alimentaria y los complejos estéticos debutan antes. Enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados están repuntando a causa de conductas inmaduras. Los psiquiatras y psicólogos infantiles tienen las consultas llenas de niñas deprimidas por el tamaño de su pecho o porque los chicos no les piden salir. Todo contribuye a perpetuar la situación de inferioridad de la mujer con respecto al hombre y a que crean que sólo a través del sexo serán válidas como personas.

Olive es una niña normal de seis años regordeta, con gafas y los dientes separados. Un golpe de suerte la empuja a la final del concurso de belleza más prestigioso del país. Toda la familia se amontona en una vieja furgoneta y pone rumbo a la gran cita, en la que la pequeña y, sobre todo su progenitor (un supuesto especialista en vender técnicas para tener éxito vital), tienen puestas sus esperanzas.

En el camino se desata una crisis familiar y los padres están a punto de divorciarse. En esos momentos, la única obsesión de Olive sigue siendo hacer un buen papel. «¿Soy guapa?», le pregunta a su abuelo, que insiste en destacar que ella es bella por dentro y por fuera. En escenas anteriores, la niña ha estado a punto de renunciar a comerse un helado por los estragos que este manjar puede hacer en su figura de cara a convertirse en una reina de la belleza infantil.

Muchos habrán adivinado que se trata de la película ‘Pequeña Miss Sunshine’; pero quizá no intuyan que el panorama que con tanto sarcasmo se describe en el largometraje estadounidense es asombrosamente real y no sólo al otro lado del Atlántico.

De hecho, las televisiones europeas están cuajadas de certámenes musicales en los que los críos bailan, cantan y se expresan como si fueran estrellas en miniatura.

ALARMA
Recientemente, la Asociación de Psicología Americana ha hecho público un extenso documento en el que denuncia la tendencia sexualizadora que domina a la sociedad. Concretamente, manifiesta su preocupación por el hecho de que la ropa, los juguetes, los cosméticos, los videojuegos, las películas, los personajes de ficción, los dibujos animados y los medios de comunicación dirigidos a los más pequeños de la casa (en torno a los cuatro años) ya empiezan a hacer énfasis en los atributos eróticos, fundamentalmente de las niñas, y del rendimiento personal que se le puede sacar al atractivo sexual. En definitiva, la sexualidad acaba por excluir a otros aspectos de la personalidad y se convierte en el único parámetro válido para juzgar la valía de un individuo.

El informe también avisa de los peligros que acarrea esta tendencia de inculcar poses, actitudes y modos de comportarse propios de una mujer adulta a las niñas; que en el fondo, y por muy insinuante que sea la frase que exhiba en su pequeña camiseta, no tiene la madurez suficiente para asumir este tipo de comportamiento.

Ana Salegui, miembro de la Asociación Española para el Estudio de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (AEECTA) y especialista en trastornos infantojuveniles lo resume así: «La edad de la adolescencia se está adelantando artificialmente cada vez más. Ahora se maneja el concepto preadolescencia, cuando antes ni se contemplaba y prácticamente no hay niñez. La maduración física, psicológica y social deben ir de la mano, pero solo se está anticipando la primera, de forma que ahora estamos viendo las consecuencias de este desajuste».

¿Cuáles son los frutos de incorporar a niños y adolescentes a la vida adulta antes de tiempo que tanto asustan a los expertos? «Aparte de estarles robando la infancia, estas pautas ejercen una influencia nefasta en la formación de la identidad femenina y en las expectativas vitales de las mujeres», resume Mª Jesús Mardomingo, jefa de la Unidad de Psiquiatría Infantojuvenil del Hospital Gregorio Marañón de Madrid.

Y es que, en definitiva, las niñas asumen desde que apenas levantan un palmo del suelo que la mujer es un objeto sexual y que será valiosa en la medida que sea atractiva para el varón. Éste a su vez, es empujado a reafirmarse en su rol machista. El documento estadounidense destaca que, desde diversos frentes, se trata de potenciar actitudes en la mujer (candor, inocencia, sumisión…) que fomentan esta situación de dominio e invita a desterrar comportamientos firmes, decididos, autoritarios y de jefatura por calificarlos de poco femeninos o poco atrayentes para los hombres.

DEPRESIÓN
Por otro lado, reseñan una investigación que evaluó las principales preocupaciones de las crías en el último siglo hasta hoy. Si bien en las primeras décadas las chicas estaban motivadas por sacar adelante sus estudios y portarse bien; en los últimos 20 años las inquietudes giran en torno a su aspecto físico, que se convierte en el eje de su autoestima y superación personal. Según los especialistas, el hecho de no alcanzar estos objetivos que se proponen provoca insatisfacción, ansiedad y depresión o actitudes depresivas a unas edades cada vez más tempranas.

Además, favorece que se descuiden otras habilidades y áreas de desarrollo intelectual y personal. Según parece, muchas niñas no se muestran en absoluto interesadas en hacer deporte, en estudiar o en desarrollar facetas artísticas. «En definitiva, las prácticas sexualizadoras mantienen a las mujeres como objetos de atractivo sexual y de decoración; lo que condiciona la libertad de su pensamiento y evolución en el mundo», escriben los autores del documento.

COMPLEJOS
Son quizá los problemas más tangibles a la hora de evaluar las consecuencias de la erotización de las niñas pequeñas. Los especialistas llevan años denunciando el hecho de que desde los medios de comunicación se está proponiendo un canon de belleza irreal caracterizado por una delgadez extrema y unas medidas imposibles.

De hecho, algunos trabajos han demostrado que, si trasladásemos las medidas de muñecas como la Barbie a mujeres de carne y hueso éstas no podrían caminar porque, simplemente, su columna vertebral no las sostendría de pie.

Una fémina real tampoco podría vestirse como muchas heroínas de videojuegos o personajes de dibujos animados porque exhiben ciertos modelos que, aparte de dejar al descubierto más carne de la que tapan, no tienen puntos en los que apoyarse, de forma que son incompatibles con cualquier movimiento.

Tampoco es lógico que una niña como la que representan las muñecas Bratz -expuestas en el documento de los psicólogos estadounideses como el más vivo ejemplo de la erotización progresiva de los juguetes y accesorios de las niñas- vaya maquillada, se tiña el pelo de colores estridentes, vista minifalda o pantalones ajustados, botas de plataforma y, además, lleve su cuerpo tatuado y anillado, incluso en lugares con un claro objetivo sexual (pezones, lengua…).

TRASTORNOS FÍSICOS
En cualquier caso, los denodados intentos por conseguir estos ideales han arrastrado a muchas adolescentes a la anorexia y la bulimia clásicas, pero los expertos están verdaderamente aterrorizados porque los patrones han cambiado a una velocidad vertiginosa.

De esta manera, aparte de que la edad media de inicio de los trastornos alimentarios ha bajado (ahora se sitúa en torno a los nueve años), «nos enfrentamos a un auténtico cajón de sastre con muchas niñas con trastornos intermedios. No encajan en ningún problema concreto a la perfección, pero tienen rasgos de varios de ellos», resume Carmen González, coordinadora de la Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y Bulimia (ADANER).

En este sentido, los especialistas ya han reclamado que los atracones (comer compulsiva y vorazmente para luego, y aunque no siempre, ayunar o purgarse) sean incluidos en el listado de trastornos de la conducta alimentaria porque pueden ser incluso más peligrosos que los clásicos.
Y es que, según sugiere González «los trastornos incompletos no se ven a simple vista, progresan más despacio, no provocan la misma alarma en el entorno que, por ejemplo, una anorexia de manual y las pacientes tardan mucho en pedir ayuda porque no hay sufrimiento [dejar de comer, al fin y al cabo cuesta mucho esfuerzo]»».

En realidad, estas chicas son víctimas de la cultura de la rapidez. «Lo quieren todo ya; adelgazar también y para ello no restringen lo que comen, si no que recurren a los laxantes, a los diuréticos y a otros métodos purgativos», apostilla González.

No obstante, y a pesar de que sean chicas aparentemente saludables, una bajada de potasio causada por una restricción dietética severa realizada en poco tiempo o por una vomitona mal controlada puede derivar en una parada cardiaca fatal.

Por otra parte, y en lo referente al cambio de patrones, también se llama la atención sobre las transformaciones que han sufrido los ideales propuestos y, en consecuencia, las aspiraciones de las niñas.

«Antes, las que se desarrollaban pronto eran proclives a sufrir anorexia restrictiva porque no se sentían cómodas con un cuerpo de mujer siendo mentalmente unas crías. Dejaban de comer porque querían perder sus curvas, sus pechos y dejar de ser objeto de miradas lascivas por parte del varón», resume Carmen González.

En cambio, el modelo a seguir en la actualidad es una chica alta, filiforme y dotada de unos pechos extraordinariamente grandes para esa constitución; algo prácticamente imposible porque la mama está compuesta en un 90% por tejido graso, mientras el otro 10% es la glándula propiamente dicha. Una persona muy delgada es poco probable que luzca un escote generoso.

No obstante, si esta pauta se percibe por parte de chicas cada vez más jóvenes, el riesgo se dispara. «Hay que tener en cuenta que el cuerpo de una niña prepúber almacena grasa para hacer frente al estirón; de manera que tiene bastantes posibilidades de creer que está gorda, algo que se ha convertido en un pecado capital», explica la coordinadora de ADANER.

La obsesión por alcanzar estas medidas que, en realidad, son desproporcionadas ha multiplicado las solicitudes de intervenciones de cirugía estética en adolescentes.

En EEUU, los implantes mamarios, las rinoplastias y las liposucciones ocupan ya un lugar preferente en la lista de regalos que se solicitan en la graduación, una tendencia que también se está observando en el Viejo Continente; especialmente en España, que se ha convertido en líder en cuanto al volumen de este tipo de intervenciones.

«Lo que más nos estamos encontrando son liposucciones, pero el aumento mamario no tardará en aumentar», vaticina la coordinadora de ADANER.

En resumen, el hecho de que una niña pase por quirófano para arreglar una supuesta imperfección estética conlleva riesgos psicológicos, dado que estas conductas son adictivas y fomentan la insatisfacción perpetua, y físicos, ya que su cuerpo todavía no ha terminado de formarse y, en consecuencia, los resultados definitivos de la cirugía pueden ser imprevisibles.

ABUSOS
Los autores del documento estadounidense han tocado el tema por encima al tratarse de casos extremos, pero no han dejado de mencionar que una maduración psicosexual inapropiada conlleva la adopción de conductas sexuales de riesgo (promiscuidad, descuido de los métodos anticonceptivos…) a una edad en la que no se está mentalmente preparado.

Ello repercute directamente en el incremento de la tasa de enfermedades de transmisión sexual, en embarazos no deseados y en traumas (violaciones, agresiones sexuales, violencia de género…) relacionados con el ejercicio de una libertad sexual mal entendida. De hecho, las gestaciones de madres adolescentes se han convertido en una preocupación prioritaria en países como Reino Unido.

Finalmente, los expertos plantean que la confusión entre la niñez y la edad adulta ha generado paradojas tales como que existan tangas para crías de seis años, lencería de encaje, camisetas con leyendas picantes, incluso, maquillaje; mientras que las mujeres adultas se adornen con iconos infantiles con el bojetivo de aniñar su aspecto.

En cualquier caso, ambos grupos configuran un repertorio de ‘Lolitas’ que resulta tremendamente atractivo para muchos varones por diferentes motivos.

No obstante, los especialistas advierten de que, si bien normalmente una mujer adulta (aunque haya buscado conscientemente un aspecto o unos ademanes infantiles) puede hacer frente en mayor o menor medida a una agresión sexual, las niñas erotizadas están absolutamente indefensas ante este tipo de ataques porque, al fin y al cabo, siguen siendo sólo unas crías.

Todas las revistas para jóvenes inciden en la conducta sexual. En la portada incluyen un aviso de que la publicación no es apta para menores de 18 años, pero lo cierto es que no hay ningún mecanismo de control que impida que una cría de 10 adquiera en el quisco cualquier revista para jóvenes. Con la excusa de desterrar los tabúes en torno al sexo y de fomentar una sexualidad natural absolutamente todas se centran en ello en prácticamente todos los artículos que publican. Sus ídolos (cantantes, actores, modelos…) de la farándula posan en posturas provocativas, se destacan sus frases más picantes y abundan las fotografías con vestimenta y accesorios sexy. Incluso los artículos relacionados con la salud o el deporte están enfocados, por ejemplo, a hacer ejercicio para tener un pecho bonito, un culo de escándalo, a llevar a cabo una penetración anal segura e indolora, etcétera. Cuando se escribe un artículo sobre una deportista se centran demasiado en su vida sentimental y se suelen escoger las fotografías más provocativas. Eso por no hablar de cientos de consejos para ser una atleta en la ca ma y complacer a los chicos. De hecho, su vida no tendrá un sentido completo hasta que no logren una relación con un varón (por supuesto, el lesbianismo se ignora por completo). La publicidad que incluyen va en la misma línea; modelos semidesnudas ofrecen productos de consumo dirigidos a potenciar el atractivo sexual. En definitiva, se bombardea a las lectoras (la mayoría son chicas) para que toda su vida gire en torno a ello, a buscar la aprobación del varón y que dicha valoración se haga en función de los atributos sexuales, nunca intelectuales o basados en otras habilidades. En opinión de los expertos, habría que articular mecanismos que limitasen el acceso de las niñas a estas publicaciones que, en teoría, están dirigidas a un público de más edad. Sin embargo, lo tienen difícil. ‘Siempre que se habla de control se desvirtúa el concepto y salen a la luz términos como censura o libertad de expresión, pero nos tenemos que concienciar de que hacen falta estas restricciones porque no podemos exponer a los menores a un mundo de adultos’, afirma la psicóloga Ana Salegui.

¿Qué pueden hacer los padres?
El bombardeo erotizador es constante y proviene de muchos frentes. Incluso, los padres contribuyen con su actitud y con hechos aparentemente inofensivos, como vestir a sus niñas de mayores o promover que se maquillen o se pongan tacones de manera habitual, aunque sea para jugar. No obstante, hay aspectos en los que se pueden incidir para evitar la sexualización precoz de sus hijas:

  • Interesarse. Los padres deben procurar estar al tanto de las revistas que leen sus hijos, de los programas que ven, de la música que oyen y de las webs que visitan. Si el contenido no les parece adecuado han de hablar de ello y escuchar lo que los chavales tienen que decir al respecto.
  • Aprovechar lo cotidiano. Es útil procurar ver la tele con ellos y ejercer la crítica de las actitudes que no se consideran correctas, así como los motivos. Hay que cuestionar que si prestan demasiada atención a ciertos aspectos externos, su entorno obviará el resto de su calidad como personas.
  • Hablar. Hay que ser explícito y claro y explicar por qué ciertos programas, prendas de vestir o complementos no son adecuados. También hay que ser igual de concreto al proponer o ensalzar alternativas que contribuyan a destacar una imagen femenina positiva.
  • Comprender. Es normal que las niñas y adolescentes se sientan presionadas por la moda, los medios de comunicación o la pandilla de amigos a la hora de adoptar ciertas actitudes. Hay que ayudar a las pequeñas a escoger acertadamente dentro de las tendencias y recordarles que ellas serán lo que quieran ser y que eso es más importante que el aspecto externo que exhiban.
  • Animar. Es recomendable tratar de encauzar a las crías hacia actividades que hagan énfasis en el talento y en otras habilidades diferentes a la mera estética. En este sentido, el deporte y las artes plásticas son una alternativa idónea.
  • Educar. Hablar de sexo con los hijos es una tarea incómoda, pero es necesario abordarla con naturalidad, sin tabúes y encuadrando la sexualidad dentro de una vida saludable, íntoma y, sobre todo, madura y satisfactoria. Desde los tres años ya se puede empezar a comentar temas sexuales con los niños para logar que esta faceta de la vida contribuya a su felicidad y no a sus traumas.
  • Ser realista. Es necesario que las niñas sepan que las muñecas, los dibujos animados, los personajes de los videojuegos y lo que ven en la mayoría de los anuncios publicitarios no es real. Si las medidas o el aspecto de estos iconos se trasladasen a una persona no podrían sobrevivir (por ejemplo, una mujer como Barbie se partiría en dos).
  • Dar ejemplo. Haga un repaso de los productos que compra, de los hábitos que mantiene, de los valores que transmite o de los programas que ve en presencia de sus hijos. Ellos imitan su conducta porque los padres son su espejo.

(elmundo 17 marzo 2007)

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Archivado bajo Educación, Erotización, infancia

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