Buen profesor, mejor resultado

Elegir a los mejores para convertirlos en profesores, conseguir que sean muy buenos dando clase y que todos y cada uno de los alumnos, del mejor al peor, tengan una educación excelente y no se quede nadie (o el menor número posible) por el camino. Esto no es un eslogan político ni una máxima de ninguna ideología, sino los puntos en común que ha encontrado la consultora estadounidense McKinsey and Company entre los sistemas educativos que han obtenido mejores resultados en el Informe PISA de la OCDE en 2000 y 2003.
Hoy se presentan los del estudio de 2006, que compara a alumnos de 57 países y en el que España retrocede en lectura y se queda en ciencias en el mismo puesto mediocre que en años anteriores. Mientras la educación española se prepara para el maremoto de críticas, reproches y lanzamiento de soluciones, el informe de McKinsey anticipa algunas claves del éxito de sistemas educativos como los de Hong Kong (con un modelo propio), Corea del Sur o, por supuesto, Finlandia. El estudio, recientemente publicado, encuentra una heterogénea situación que va de sistemas muy centralizados a muy descentralizados, con más o menos inversión, de organizaciones muy estables a otras en continua reforma dentro de los países sobresalientes (algunos como el país escandinavo, vuelven a repetir en los puestos más altos en 2006).
Sin embargo, también ha encontrado puntos comunes, por ejemplo, buenos profesores y atención individualizada. Para empezar, sirva un ejemplo sobre la importancia del docente. Mientras bajar el número de alumnos por clase de 23 a 15 mejora los resultados ocho puntos porcentuales, los alumnos que tienen un profesor con “alto rendimiento progresan tres veces más rápido que los que tienen un profesor con bajo rendimiento”, asegura el texto citando investigaciones en Reino Unido y EE UU.
La mayoría de los países con mejores resultados seleccionan a los docentes antes de entrar a la universidad. En Finlandia, los que comienzan la carrera para ser profesor están entre el 10% de los mejores estudiantes del instituto, y en Corea del Sur, entre el 5%. Las pruebas en Finlandia para iniciar esas carreras, la mayoría hechas por cada universidad, miden la competencia lectora y matemática, pero también la capacidad como comunicador o la motivación para convertirse en docente. En Singapur hay una prueba nacional hecha por el Ministerio de Educación y el Instituto Nacional de Educación. En España, el clásico modelo de oposición memorística sobre los contenidos de una materia es con el que se selecciona al profesorado funcionario.
El segundo punto en común de los sistemas más exitosos es conseguir que esos docentes sean muy buenos dando clase. Por ejemplo, los docentes japoneses dan clase dos días a la semana junto a un tutor. En Reino Unido, a los profesores experimentados que demuestran ser buenos como tutores de los principiantes se les reducen las horas de clase para pasar más tiempo apoyando a los nuevos. En este caso, la inminente reforma de la formación de profesores que prepara España sí ha elegido un camino parecido, con una selección esmerada de los tutores y de los institutos donde hacen práctica los novatos.
Por último, los mejores sistemas han demostrado que la “escuela puede compensar las desigualdades sociales y económicas de los alumnos”. ¿Cómo? Marcándose unos mínimos muy altos, con controles internos y externos de esos objetivos y dando más recursos a las escuelas que lo hacen peor, como en Nueva Zelanda. Pero, sobre todo, trabajando más con cada chaval desde el primer momento que muestra retrasos en el aprendizaje, ya desde primaria. El mejor ejemplo es, una vez más, Finlandia. En cada colegio finlandés, por cada siete profesores hay otro de educación especial que atiende a los alumnos, individualmente o en grupos muy pequeños, en cuanto empiezan a fallar en Lengua o Matemáticas. Aproximadamente el 30% de los escolares (equivalente al porcentaje de alumnos que fracasa en España) pasa por estas clases de apoyo, dice el estudio de McKinsey. Pero, además, esto favorece que se elimine el estigma de las clases de apoyo por las que también pasan de vez en cuando los alumnos más brillantes.
Las recetas del éxitoSelección. Los países más exitosos hacen pruebas de selección a los alumnos que quieren iniciar la carrera universitaria para ser profesor.
  • Formación inicial. Muy centrada en la práctica y muy ligada al apoyo de profesores veteranos.
  • Resultados visibles. Bajar el número de alumnos por clase de 23 a 15 mejora los resultados ocho puntos porcentuales; los estudiantes con un profesor de “alto rendimiento” progresan tres veces más rápido.
  • Atajar el problema en cuanto aparece. Las evaluaciones continuas señalan las debilidades del alumno, al que se prestará apoyo de manera individual en cuanto se detecten las dificultades, sobre todo en Lengua o Matemáticas.

(elpais.com 4 diciembre 2007)

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Archivado bajo Educación, informe PISA, Reforma educativa

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