Jóvenes destilados

“¡A los 14 años en un cumple…!”, exclaman entre risas Kika, Josué y Antonio, adolescentes del municipio de Villarejo de Salvanés (Madrid) cuando rememoran la primera vez que probaron el alcohol. Es martes a las siete de la tarde y los tres toman unas cañas en un bar de Villarejo, una localidad de 7.000 residentes en la carretera de Valencia. Hay poca gente en el local: vecinos de más de 50 años que huyen del frío con carajillos y gin tonics. “Hoy es una excepción”, se excusan los tres adolescentes, al verse un día entre semana tomando cañas y rodeados de gente mayor.
Cigarrito en mano, hablan de sus estudios de FP, del trabajo de Antonio en una fábrica de madera y de un concursante de Operación Triunfo que es de su pueblo. Trago y trago.

Los padres del joven de hoy empezaron a beber cada fin de semana en los 80 Tienen 15, 16 y 20 años, y con más amigos han alquilado un garaje donde se reúnen casi todos los días. En su local, botellas de ron, posters de coches y de chicas desnudas recauchutadas y música tecnho. “El fin de semana sí que bebemos más, siempre hay algo que celebrar… Entre semana, menos”, aseguran. Los tres creen que es una exageración eso de que los jóvenes beben mucho, aunque reconocen que en pueblos tan pequeños como el suyo muchas veces lo hacen “por aburrimiento”.

En Villarejo de Salvanés hay pocas opciones de ocio, pero los tres creen que tienen una ventaja respecto a los chavales de la capital: poder salir hasta más tarde. “Yo me puedo quedar hasta las cuatro de la mañana los fines de semana y a mis padres no les da miedo porque éste es un pueblo tranquilo”, afirma Kika.

Queremos ser adultosLa edad de inicio en el consumo de alcohol entre los adolescentes españoles está en los 13 años, según el estudio de la Fundación La Caixa Los adolescentes ante el alcohol: La mirada de padres y madres. Hay varias maneras primerizas de acercarse a la bebida. Por ejemplo, calimocho, cerveza y copas como sustitutos del aburrimiento en las localidades pequeñas. O alcohol desde el mediodía, y asociado al mundo adulto para los jóvenes que consiguen su primer empleo a los 16 años. “A esa edad, no tienen suficiente dinero para independizarse de sus padres pero sí para consumirlo en ocio”, analiza el psiquiatra Eusebio Megías, director técnico de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción y autor del estudio.

«Hace 20 años sólo bebían vodka o whisky los chicos ricos», compara un médico En el polígono industrial de Arganda del Rey (Madrid) trabaja el veinteañero Raúl Gómez instalando alarmas de seguridad. Hora de la comida: vino con casera y otro que argumenta que no bebe. “En las comidas un poco de vino, y el fin de semana pues también … Es que trabajo con gente muy mayor…”, explica rodead de obreros de más de 40 años que acompañan el menú de siete euros con un vino. El paisaje se repite por el polígono: jóvenes trabajadores haciendo una pequeña parada con una lata de cerveza.

Universitarios y barra del bar. Otro clásico: el joven que se pasa el primer año de universidad tirado en la barra de un bar o de botellón. Suele ocurrir sobre todo con los que salen a estudiar fuera de su lugar de origen, lejos del control familiar.
Los padres poco pueden hacer para controlar a distancia a alumnos como Adrián (nombre ficticio para que no le reconozca su familia) de A Coruña, recién llegado a Madrid con 19 años. Su fin de semana acompañado de alcohol empieza cada miércoles y el chaval acaba la semana con cuatro borracheras.
«En pueblos pequeños muchas veces bebemos por aburrimiento», alega un chico de Villarejo Reconoce que desde que llegó a Madrid, a finales del pasado mes de septiembre, se emborracha con frecuencia: “De tres a cuatro veces por semana”.El caso de Adrián es un ejemplo de la vida estudiantil de los 7.000 alumnos de fuera de Madrid que llegan a la capital cada año para arrancar sus estudios universitarios. Sin embargo, sirve para entender que la mayoría de estos jóvenes elige el alcohol como el mejor método para socializarse. “ Acuden a beber con amigos en parques y bares en busca de una nueva familia”, explica Eduardo Brik, director del Instituto de Investigación y Tratamiento del Alcoholismo y Drogodependencias.
La mayoría de los pacientes jóvenes que atiende este médico terapeuta en su consulta son trabajadores con horarios interminables. “Sobre todo son chicos que trabajan como comerciales y que están obligados por su empleo a mantener una vida social activa de manera permanente. No olvidemos que el alcohol es una droga fundamentalmente social”, ejemplifica.
Perfil rejuvenecido. Los especialistas en el trato con alcohólicos han notado que el perfil ha del enfermo en España ha rejuvenecido. “Para crear un proceso de dependencia es necesario que pase un tiempo pero aparecen casos de gente que abusa de la bebida con 22 y 24 años”, admite Megías. Aunque no haya dependencia, el organismo sufre mucho. “Hasta los 18 años, las personas desarrollan su sistema neuronal y también se forman en la sociedad”, lo que agrava las consecuencias de la resaca frecuente.
Eduardo Brik alerta además de que el adolescente que bebe alcohol todos los viernes y los sábados sistemáticamente puede acabar acortando el periodo entre borrachera y borrachera. Un 21,8% de los jóvenes lo hace todos los fines de semana.

Adrián, el fútbol y la cerveza
Adrián ha quedado por la noche con sus compañeros del colegio mayor universitario en un bar del barrio de Argüelles, en Madrid, para ver un partido de fútbol de la Liga de Campeones. La elección no ha sido al azar.

“Es el bar que más baratas tiene las copas”, explica. “Jarra de cerveza, calimocho: 2 euros”. Es un reclamo muy típico similar al que en otros bares ofrece: “Desayuno: café con churros; 2 euros”.
El grupo de cinco amigos habla a gritos mientras se pasa un cilindro de plástico de un metro relleno de whisky con coca-cola. La consumición se llama metro. El partido se ha acabado, pero los amigos continúan la noche.
Los pedos de entre semana son los mejores”, enfatiza Nacho, canario también de 19, estudiante de fisioterapia.“Ahora estamos más tranquilos, pero en septiembre íbamos a borrachera diaria”, reconocen. En apenas una hora, caen dos metros de whisky. “La diferencia de la costumbre alcohólica de los jóvenes de ahora frente a los de hace 20 años es que el poder adquisitivo ha crecido y se pueden permitir bebidas de alta graduación. Antes sólo bebían vodka o whisky los ricos”, analiza Brik.
El doctor Megías añade otro detalle generacional: “Los padres de los adolescentes actuales son la generación de los 80 que inauguró la costumbre de beber cada fin de semana”. Ese pasado les crea un problema de conciencia que conlleva cierta permisividad con el consumo de alcohol de sus hijos. “En el fondo, piensan que ellos también lo hicieron y eso aumenta la tolerancia”, explica el psiquiatra. A pesar de los múltiples perjuicios a la salud que supone el alcohol, los jóvenes niegan la visión negativa del abuso de la bebida a la que consideran inofensiva. “Está claro que no es lo mejor para el cuerpo, pero peor son las drogas duras. La coca sí que mata”, afirma Adrián.
Lo mismo piensan en Villarejo de Salvanés Kika, Josué y Antonio. Y Raúl Gómez mientras apura su descanso en el polígono de Arganda. El alcohol es la primera droga a la que acceden los jóvenes y, en muchas ocasiones, es el mejor camino hacia otras.
(público. es 2 diciembre 2007)
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Archivado bajo Alcohol, Botellón, Consumo, jóvenes

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