Entrevista a Fernando Savater, filósofo y escritor: «Los niños llegan a la escuela sin disciplica porque las familias eluden educarlos»

En el proyecto de ser humanos, la escuela representa el espacio donde el niño empieza a socializar. Frente a otros referentes formativos, como la familia o los grupos de pares, la institución escolar destaca por estar sujeta al control público. Ahora bien, la educación no depende sólo de ella. Sin embargo, la sociedad –sobre todo los padres— pretende transferirle esta tarea y desembarazarse así de la responsabilidad que implica.

Fernando Savater en su libro El valor de educar (Ariel, Barcelona, 1997) trata de forma amena aspectos educativos problemáticos. Y los aborda sin rodeos, con claridad expositiva y proponiendo alternativas. Lejos de los análisis catastrofistas, la lectura transmite tranquilidad y optimismo, aunque sin dejar, por ello, de advertir —incluso en tono incisivo— sobre las urgencias en una materia sensible en toda sociedad: la formación de sus noveles. Un buen ejemplo de esas notas lo constituye su opinión acerca de que los padres y las familias esquivan con frecuencia la responsabilidad de educar a los niños.

Estimular la sed de conocimiento y, luego, satisfacerla, conforma una tarea que hoy recae casi exclusivamente en el sistema educativo. Cuando en realidad concierne a las distintas partes de la sociedad y, en principio, a la familia. La escuela se encuentra así asfixiada por un bulto enorme al que el resto le hace la vista gorda. Además, debe soportar ese peso exclusivo mientras por otro lado aguanta los golpes bajos de sus propias deficiencias. Por ejemplo, la «pedantería pedagógica» de muchos maestros cuya falta de humildad agobia y anula los deseos de aprender del ya mal estimulado alumno.

Savater se ha dedicado a lo largo de su carrera a reflexionar sobre asuntos cotidianos y candentes en la sociedad, como la ética, la política o, ahora, la muerte. Por medio de un lenguaje accesible ¾y no por ello menos lúcidos— ha conseguido acercar la filosofía al gran público, incluidos los jóvenes. Y lo ha hecho con éxito, como lo demuestran Ética para Amador y Política para Amador: En ese sentido, pertenece a la clase de pensadores más preocupados por darle soluciones a la gente común que por alimentar los abstractos dilemas que ocupan a muchos de quienes habitan los claustros universitarios (si bien él enseña filosofía en uno, la Universidad Complutense de Madrid). Sin pretender con esto menospreciar al academicismo, resulta destacable el interés de Savater por arrojar destellos sobre la oscuridad general.

NACER HUMANO, HACERSE HUMANO. Usted indica que ser humano se nace pero también hay que serlo, es decir, que debe conseguirse ese ideal. ¿Qué importancia tiene la escuela en este sentido?

Fundamental. El ser humano no es una descripción biológica sino también un proyecto cultural y, si se quiere, filosófico. Obviamente los humanos nacemos del útero materno pero después debemos nacer en el útero social y construirnos como humanos por medio del lenguaje, de la socialización, de la ética. En todo eso la escuela cumple el proceso básico, porque es el momento en que los neófitos se ponen en contacto con un ámbito más amplio que su familia, menos íntimo, de menor identificación sentimental y más coactivo, más social.

Pero si los niños están 4 ó 5 horas diarias en el colegio y el resto del tiempo conviven con otros referentes como la propia familia, los amigos o los medios de comunicación, ¿hasta qué punto la escuela puede llevar a la práctica esa función esencial?

En todo caso es lo que tiene que intentar. En algunos los logrará mejor que en otros, pero la escuela es el único referente que puede tener un control público y democrático. Uno no puede elegir a los padres de los niños ni a sus amigos, y los medios de comunicación están regidos por las leyes de mercado. Los únicos que están sometidos a un cierta dirección o control democrática son la escuela y los planes de estudio, y por lo tanto esas horas son esenciales. Luego, el proyecto se logrará mejor según el país y la institución en cuestión, pero eso es lo que hay.

Con frecuencia los padres se quejan respecto a la falta de incentivo para estudiar de los jóvenes y culpan de ello a la escuela. ¿Qué lugar ocupa la familia en este desánimo?

Precisamente sería la familia la que tendría que realizar esa estimulación. El niño, en principio, no tiene ningún entusiasmo por la escuela porque no conoce los bienes que puede obtener por medio de la educación escolar , ; somos los adultos quienes sabemos lo que puede dar la escuela. Los padres son los que tendrían que convertirse en abogados y propagandistas de ella para que el niño acuda con interés, y también ayudarle en sus tareas. La escuela no es un lugar que deba ser divertido o entretenido o que deba auto justificarse, sino que el impulso hacia ella debe venir de la dimensión sentimental, familiar.

ESCUELAS PARA UN MUNDO PLURAL. Se habla de la desinstitucionalización de los aparatos modernos ante la pluralidad de referentes culturales, morales, sociales y del desdibujamiento de los valores que regían estas instituciones. ¿Cómo podemos saber qué enseñar en la escuela en un mundo con pareceres tan divergentes y, al parecer, en permanente conflicto?

Toda educación es un reflexión sobre la cultura, educar es reflexionar sobre lo que merece transmitirse y lo que no. Que vivamos en sociedades plurales, debería incitarnos a crear una base común que se pueda transmitir por medio de la escuela. Una cosa es que nuestra sociedad sea plural y otra que no sea una sociedad, es decir, una yuxtaposición de tribus o grupos que deben vivir unos con otros. Una sociedad, si realmente es una sociedad, por más plural que sea, debe tener una estructura común de valores y de sentidos por debajo de todas la variedades culturales. Esos valores comunes son los que deben inculcarse fundamentalmente. Luego, cada escuela puede tener su propio sesgo según la orientación del grupo escolar.

En países donde el fenómeno de la inmigración es pronunciado, como en el caso español, se observa una tendencia hacia la concentración del alumnado inmigrante en los colegios públicos. ¿Cómo debe tratar el gobierno esta tendencia para evitar la conformación de guetos?

Los colegios concertados deben asumir su carga de personas con necesidades especiales educativas. Lo que no puede ser es que un colegio concertado [aquellos de financiamiento público y gestión privada que el gobierno español creó para descongestionar el sistema público] se comporte como uno privado y que por medio de subterfugios y de pautas de selección evite el alumnado inmigrante o conflictivos que puedan trastornar la tranquilidad del colegio. Todos los colegios, incluso los privados, deberían tener una carga obligatoria de mezcla, porque debemos prepararnos para vivir en sociedades mezcladas, pues es lógico que el colegio sea el primer centro de mezcla, donde haya también inmigrantes, niños con problemas de adaptación o con diferentes niveles expresivos… En cualquier caso, esto debe garantizarse, esto es, debe combatirse en los colegios concertados cualquier cláusula que les permita no aceptar alumnos inmigrantes, y favorecer que éstos se concentren en la escuela pública.

Sobre todo porque esa tendencia va en contra del objetivo de “universalización democratizadora”, que usted señala en El valor de educar, ¿no? […la escuela –escribe Savater— es el único ámbito general que puede fomentar el aprecio racional por aquellos valores que permiten convivir juntos a los que son gozosamente diversos].

Claro, estaríamos educando en guetos para una vida en común. El colegio debería parecerse en lo posible al mundo en que deben vivir los niños, incluso en sus problemas, en sus dificultades. No deberíamos educar sin problemas y sin heterogeneidad para un mundo que es heterogéneo y que tiene dificultades de relación. La escuela debe asumir esa problematización.

Si invertimos esa reflexión: ¿coincide en que los colegios son hoy un reflejo de esta sociedad donde abundan las desigualdades sociales?

Por supuesto que sí. Hay una idea que intenta que el colegio sea una reproducción de elites, que haya colegios al resguardo del resto de la sociedad que reproduzcan la clase de tropa social; esa pretensión la ha habido siempre, mucho más que ahora. Y todavía queda mucho de esa tenencia, la vemos en la resistencia a los cambios educativos. Pero se veía mucho más antes, cuando se educaban unos cuantos elegidos de la sociedad y los demás eran domesticados pero no educados.

Hoy, aunque todo el mundo puede acceder a la educación, aún en muchos asuntos esenciales existe ese clasismo.

CRISIS DE LA AUTORIDAD
Los movimientos contraculturales han criticado la función social de la escuela. ¿Qué parte de verdad hay en las teorías que defienden estos grupos cuando hablan de la escuela como aparato de control y de disciplinamiento?

Es cierto que la escuela es un instrumento de control y de disciplina, lo que pasa es que eso no tiene nada de malo. Ahora, una cosas son los abusos y los excesos y otra, la autoridad. Aristóteles decía que para llegar a ser gobernante antes hay que haber sido gobernado. Eso es la educación. Un ciudadano demócrata es un gobernante porque en la democracia todos somos gobernantes de nuestros países. Y para ejercer el control, la disciplina, en la sociedad en que vamos a vivir, antes hay que haber conocido esos mecanismo; primero como sujeto paciente y luego como protagonista. La educación es el primer momento en que somos gobernados, en que tenemos un control, una dirección, que naturalmente no tiene por qué ser caprichosa o autoritaria. Como en muchas otras cosas, la contracultura se equivoca.

¿Existe una crisis de la figura de autoridad?

Es uno de los problemas con los que choca la escuela, evidentemente. Dado que los padres y las familias rara vez asumen la labor pedagógica básica, la socialización primaria, los niños llegan a la escuela sin ningún tipo de disciplina, el maestro no es una figura respetada y, claro, la educación tiene una cierta dimensión coactiva. Si no puede ejercerse esa coacción razonable, si el maestro no tiene ninguna autoridad, no se puede ejercer como maestro.

Usted habla también del miedo como un elemento positivo en la educación.

Es un elemento positivo de la cordura humana. Los seres finitos y mortales hacen grillete del miedo. Entonces el miedo, que va a ser un elemento importante a lo largo de nuestra vida, empieza a tener un valor educativo, es decir, que haya una dosificación del miedo forma parte de la educación.

La violencia extrema entre los niños en los colegios es atribuida con frecuencia a la influencia de los medios de comunicación, sobre todo de la televisión. ¿Qué opina?

Los medios de comunicación pueden tener parte de culpa. Pero también la violencia que hay en la sociedad, la permanente utilización de la fuerza entre los países, dentro y fuera de las naciones, el terrorismo, las guerras. Eso debe ser atajado por los colegios, es decir, los profesores no pueden inhibirse frente al acoso escolar, no pueden dejar que ese mecanismo funcione. Y para eso deberían tener esa autoridad de la que en ocasiones carecen.

(vidapositiva.com 26 julio 2007)
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2 comentarios

Archivado bajo Educación

2 Respuestas a “Entrevista a Fernando Savater, filósofo y escritor: «Los niños llegan a la escuela sin disciplica porque las familias eluden educarlos»

  1. El gorgeador

    Qué barbaridad Merlín, qué manera de colgar artículos…..

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